+ "Crujidos", Nacho Vegas.
+ "Memorias de jóvenes airados", Loquillo.
Pero es dramático, esto no es tan trágico. Te diré mil cosas por las qué llorar.
NACHO VEGAS
Es un mal momento para salir de una crisis personal y entrar en una mundial.
DEPRESIVOS & DEPRIMENTES, S.A.

Esta mañana he ido por fin a montar la exposición. Esperaba casi que fuera una redención. Esperaba casi estar milagrosamente contenta, exultante.
No lo estaba: me he levantado después de dormir 10 horas. Mi pseudo gripe seguía allí, además se habían sumado en manifestación de agotamiento unos horribles nervios en el estómago y un conato de cistitis -soy tendente a coger este tipo de cosas, es molestísimo-.
He estado remoloneando en la cama, no más de lo acostumbrado, pero sí más de lo recomendable. No quedaba nada que desayunar en mi cocina declarada en estado de ruina, pero sí cosas por hacer, así que me he puesto a ello.
Al rato he entrado en la cocina a buscar el encendedor, con un pitillo en la mano: la hornilla estaba abierta. He tenido toda la noche la hornilla abierta. Me han dado ganas de llorar pero no he podido. Mi talento para la tragedia está menguando a pasos agigantados por culpa del estrés. Imaginaba que en un caso así abriría todas las ventanas de casa y saldría de casa con lágrimas vivas en los ojos. La vida es curiosísima: he tenido un ataque de pragmatismo radical.
Todas las señales apuntaban al drama. Me he concentrado: he pensado en Antonio viniendo hacia Granada el día d para ayudarme, en el cigarrillo que la prisa aplazó que encendiera esta mañana y en mil detalles más. En el libro de "El club de la lucha" encima de mi mesita, con su apartamento de IKEA volando por los aires; en el capítulo de una mala serie que vi ayer en el que su protagonista se suicidaba siguiendo la estela de Kurt Cobain; en la noticia de la explosión de una bombona de butano en Vigo. Ni una lágrima.
Si hubiera encendido ese cigarrillo con toda probabilidad me habría convertido en mil-pedacitos-de-María casi instantáneamente. Sin embargo, he seguido escuchando a Pavel Kouba hablar sobre su nuevo libro, "El mundo según Nietzsche" y las verdades interpretativas.
Murió sumido en lo que se ha tildado en llamar "hundimiento mental". Pavel no, Nietzsche.
Ale se ha reído cuando se lo he contado, yo también. Me ha dicho que era el momento perfecto para morir y que yo ni me he enterado. Mi obra se hubiera estudiado durante años, habrían metido los restos de mi ejemplar de "El club de la lucha" como clave para interpretarla en una bolsita de plástico: "prueba A". Estábamos tomando unas cañas después del montaje, así que tal vez no pensáramos con claridad. O sí.
Ha sido un día muy largo. La exposición no ha quedado mal y he invertido en agujetas para mañana. Aunque hubiera sido peor incinerarme en mi apartamento. Se puede decir en el sentido más literal de la palabra que he salvado el día.
Me ha dicho también que este episodio tenía muchas lecturas, así que lean, lean.
Buenas noches.

Aprovecho para reivindicarme. Me guardo 'El humo de Dios' para hablar de Nietzsche. Por no fumármelo.
ResponderEliminarSerá interesante, dispón de tu parte para eso. Yo la mía creo que me la acabaré fumando, para aguantar estas cotas de dadaísmo sacro.
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