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BLOGUZZ II

Gracias chicos.
A los que entráis cada día para ver qué se me ha ocurrido ahora y a veces os vais viendo que nada nuevo -el alcohol me está drenando el cerebro, lo sé-. A los que llegáis de casualidad y os quedáis para siempre, o un ratito al menos. A los que enlazáis y discutís la jugada en el café, porque sois bloggers de alta alcurnia y eso. A los que espiáis. A los que comentáis. A las personas de las que hablo y con las que salta la chispa: los compañeros de batalla. A los poquitos con los que dibujo planes maquiavélicos y que están duendeando por aquí cuando escribo. Sobre todo a los que soportáis repetido por enésima vez un post fusilando el anuncio de coca-cola -podéis ponerme acento argentino si os váis a sentir mejor, en serio-.

Estoy contenta. En unos días me mandan el disco nuevo de Pastora. Y estoy invitada a uno de sus conciertos por mi cara bonita. Gracias a los que engrosáis las filas y a esto que os conté hace poquito.

Besos.


+ En PÁJAROS: "Cut & Paste Barcelona"

DIA D

Me despertó esta mañana una llamada de teléfono: me había quedado dormida. En teoría -en una realidad alternativa donde hago las cosas como es debido y soy una persona responsable-, debía estar allí a las 7:30, pero sumaban 10 minutos más de la hora acordada y yo seguía revolviéndo sábanas y delirando sueños mitómanos.
Tuve pedir disculpas -a la enfermera y a las sábanas por abandonarlas de tan abrupta manera- y, sin ni siquiera ponerme el sostén, salir corriendo al frío de la mañana para buscar un taxi. En menos de 10 minutos estaba allí, me permití excusada en la urgencia la licencia poética de decirle al taxista que se quedara con la vuelta de mi billete. Novelé durante el camino sobre lo que pensaría aquel hombre de una chica joven y con mucha prisa que coge un taxi el domingo a tan intempestiva hora para las afueras.

Una vez dentro me hicieron pasar a un pequeño dormitorio y me pidieron que me desnudara. Era una de esas salas decoradas de manera que resulten lo más hospitalarias posible -una lamparita barata sobre una mesilla barata, un par de estampas de Monet en la pared, una moldura rosa pastel en la pared, junto al techo-, y que acaban resultando aún más desconcertantes porque se alejan de todo lo que uno espera de una clínica ginecológica.

En el quirófano, un médico de belleza pretenciosa -l'oreal paris men expert- me colocó el suero con más voluntad que fortuna. Pude ver como varios hilillos de sangre me resbalaban por el brazo antes de que el tipo consiguiera controlar la pequeña carnicería con esparadrapo. La sedación llegó antes de que me diera tiempo de hacer estadística de los resultados que se pudieran derivar de que aquel inútil con gomina doctor fuera a hurgar mis interioridades.
Lo siguiente que recuerdo es un "¿cómo estás?", y una respuesta ahogada por la risa floja de mi parte, "dormida, ¿hemos terminado ya?".

De vuelta al aséptico dormitorio, más suero, galletas de chocolate y un libro. Imagino que la enfermera se preguntaba porqué no le había pedido a nadie que me acompañara. No lo llegó a preguntar en voz alta y salió de la habitación dejándome a solas con Auster.

Entonces la espera. Algun dolor punzante en el estómago. Cerré el libro y me planteé la posibilidad de que algo hubiera salido mal, de que me desangrara allí en aquella cama horriblemente cursi y maternal, semi vestida con el desgastado fieltro azul de una bata de hospital. O de que me hubieran vaciado por dentro, dejándome infértil con 21 recién cumplidos. Contemplé la posibilidad de no tener nunca hijos; no soy la típica chica que dice que nunca los tendrá, simplemente es algo en lo que no pienso debido a mi clara falta de instinto maternal. Mientras algún pequeño hijo de vecino recibe una corte de atenciones femeninas, yo siempre me quedo en un discreto segundo plano.
Pienso en lo que dice Bukowski en "La senda del perdedor", algo así como que los niños están hechos para ser vistos, pero nunca oídos.
Pienso en si mi altruista ovúnculo llegará a convertirse en una personita, si se parecerá a mí, si sus padres le contarán que es en un 50% genéticamente igual a una desconocida. Y si, en ese caso, se preguntará como soy; como en esas películas tan malas de sábado tarde en telecinco.

Luego la enfermera llega, me tiende un cheque y me acompaña a la salida. Yo dejo de pensar gilipolleces y me vuelvo andando a casa, con la satisfacción del trabajo bien hecho.





Feliz domingo, señores.

ONANISMO II

Mi problema fundamental es que
soy terriblemente vaga hedonista.


EL VIOLINISTA

El violinista se ha mudado a mi barrio: justo a la vuelta de la esquina, junto a la óptica. Lleva toda la semana despertándome siempre con la misma sonata, que sólo se me ocurre que haya podido copiar de una peli de Fellini o de una reunión familiar de la camorra napolitana.
Cada día lo ves apostado en el mismo sitio, aporreando el violín gastado, tan estropeado como el dueño. Si te concentras los puedes fundir a ambos en un mismo elemento que chilla como un gato apaleado.


El violinista no sabe que todos los días se cuela por mi ventana, se funde con la luz cálida que se filtra a través de la cortina y me golpea con ese puñetero violín hasta sacarme de la cama. Y yo me levanto resignada, sabiendo que llevaré todo el día la cancioncilla grabada en el seso.

Dentro de unos años o unos meses, cuando ya no viva en Granada, puede que recuerde al violinista viejo, con su trasto y su pelea de gatos. Entonces también recordaré mi dormitorio, con la luz cálida, la cortina hortera y la enorme cama. Mi té de la mañana, mi tocadiscos y mis pinturas. Mi café de media tarde, mi videoclub favorito y mis fotos recién reveladas. Mi vino de la noche, mi colección de Corto Maltés y mis horas de vigilia. Y la gente que ha pisado este apartamento maravilloso y todo lo que me ha pasado aquí.
Entonces, me gustará recordar la sonata del violinista viejo.


deprisa, deprisa".


"Porque somos mortales
necesitamos someter a las distancias.
Dios no necesita ferraris.
El realismo apuesta por lo que es
(la costumbre)
y en contra de lo que podría ser
(la invención).
El realismo es sólo una forma de pereza"

Paoletti







[rescatando analogías]


CRISIS II

[nuevas ciclotimias]

*tinta de "Postales del Perú". En las
faldas del pueblo de Machu Picchu.


Hoy he escuchado en la radio que "la Verdad es sólo un periódico de Murcia".
Es el título del disco nuevo de Lidia Damunt.
Qué quieres que te diga, me ha hecho mucha gracia.

Sigo coleando cuesta arriba: como el salmón. Haciendo lo de siempre, arreglando por enésima vez el tocadiscos, arrastrando a quien pueda a ver exposiciones y perdiendo el tiempo por ahí en la medida de lo posible. Trabajando a ratitos porque quiero ser un talento en el País.

Estos días siento una cierta claridad mental porque me he dado cuenta que soy más simple que el mecanismo de un chupete. Qué es eso de andar deprimida por las esquinas como una sensible artista sufriente: a mí lo que me pasa es que no tengo dinero para comprarme unas botas nuevas.

Yo me digo: su-per-fi-cial y me sonrío un poquito, me pongo los cascos y sigo calle abajo sorteando escaparates.

Sí, qué quieren que les diga.
Las penas con pan son menos
y las verdades un artículo de opinión.



crisis























¿Dónde vas, triste de ti?
¿No viste en el noticiario
la necesidad que aprieta
y pide nuevos sacrificios?

Apura el frío en la esquina,
esta ciudad ya no es tuya:
ya se han declarado en ruina
tus soles de solsticio.

Sólo quedó un calendario
hecho de esperanzas
más una lluvia temprana
y muerta de soledad
calada hasta los huesos.

¿Donde vas, triste de ti?
Qué brazos tan largos buscas:
no existen en este mundo
para saciarte ese abrazo.


* imagen desde la serie "POSTALES DEL PERÚ"

JET LAG


Hace media hora fue mi cumpleaños. Ayer.

21 de alguna manera extraña pesan más que los 20, aunque es todavía muy pronto para empezar a quitarte años, confundir fechas, perder tu partida de nacimiento... Crear esa especia de nebulosa de misterio en torno a una que ya sólo existe en figuras míticas de los años 20, algunas subespecies de femmes fatale y personajes de cómic.

La dura realidad es que la única nebulosa que tengo presente hoy es la que me produce el frenadol y el jetlag: siete horas de diferencia horaria con el Perú son muchas, así que me paso el día tirada en la cama leyendo hasta que me duermo, durmiendo hasta que puedo seguir leyendo. Los cumpleaños están sobrevaloradísimos.

Entretemps. Septiembre. Echar de menos. Lo tópico.
Lo tópico del viaje a Perú es comentar qué estupenda ha sido la compañía, pero es que es terriblemente cierto. Cualquier escenario hubiera sido el mejor estando allí los que estuvimos en Perú. Gracias, chicos. Por el camino y la compañía.

Tópicos sin mística: no more drama.
Evidentemente no me siento más sabia ni el viaje ha cambiado mi vida. No he alcanzado el nirvana ni soy una con el tao. Creo que ni siquiera he terminado de dar el estirón. Pero saber que estás en el camino es una gran experiencia. La sensación de movimiento merece la pena, respirar aires nuevos merece la pena. Son el tipo de cosas que te hacen sentir viva, feliz, casi como en un anuncio de compresas -no tanto-.


El tipo de cosas que hacen que aprendas paciente a esperar tu turno, sin confundir el movimiento de otros trenes con el tuyo propio, mientras esperas en la estación del jetlag.

mood: positiva :)
photo: de lara, aventurera y amiga
music:
cherry blossom girl, de air


EL CHOCOLATE ESPESO


"En nuestra vida real
siempre fuimos decadentes,
tuvimos la libertad
atrapada entre los dientes"

[calamaro]



He estado tirando de archivo histórico estos días, de tanto mirar esas nubes que traen cosas nuevas.
Cada año las espero, voy sacando el cuerpo a la ventana; y me caigo otra vez, contagiada de ese virus de insatisfacción que traen los tiempos que esperas. Esa afección que no es otra cosa que un disfraz de la nostalgia, de la cara de tonta que se me queda al rascar la pátina que da el tiempo al recuerdo. La culpa será de la humedad: es entonces cuando me caigo.

En las nubes.
Así es que llevo unos días flotando en el formol de ciertas memorias sutiles, de estampas surrealistas de vigilia.
Me vino una de esas imágenes que te llegan por osmosis, qué-se-yo,de los bichos del polvo o algo así: me parecería un gesto de amor precioso que alguien me desenredara el pelo. Ojalá yo pudiera.
Yo sé que sería un buen hombre, me falta masculinidad para ser un genio: pero qué bonita la ternura que hay en comprar flores y condones.

En el aire.
13 horas hasta Perú. Como un trámite, facturarme el corazón a ver si me lo perdieran: no quiero que te vayas.
Cómo reconstruir ahora esas ficciones nuestras tan reales, ahora que el tendero sabe nuestros nombres y que estoy segura de que algunas mañanas han hablado de nosotros. Mientras nos abrigábamos el calor de la estufa, al calor de la alfombra, de follar y beber vino. De ponerse de acuerdo en las cosas importantes, como no comprar nunca jabón de las manos y lavárselas con gel de ducha. Gastarlo luego todo en libros de segunda mano y vinilos, porque son clásicos, che. Todo tú, con tu charme. Siempre divagando, exaltados hasta por el pulso propio. Siempre a la deriva.


Las mismas nubes, el mismo polvo en el aire: sólo mirar, fumarse un cigarro. Mirar también el humo; por aquello de novelarse un poquito la vida.
Una niña tendrá mis ojos y llamará mamá a otra persona: yo lo hago sólo por el dinero. Voy a buscarme un trabajo -"hazte camarera"-. Voy a exponer. Voy a acabar la carrera y esas cosas. Me iré de Granada huyendo de las memorias sutiles, buscando otras nuevas que extrañar luego -incurable-. La guindilla en el chocolate espeso.




Vuelvo de Perú el día 26. Cumpliré 21, pero no creo que tenga las cosas mucho más claras.

COCA-COLA SIN GAS II

- ¡Vente! He quedado con una amiga para ir a ver el mar.
Haremos que sea algo importante: nos sentaremos allí en el malecón a contemplarlo como si fuera la vez primera. Por supuesto comentaremos la magia del momento y que si mira una gaviota, y qué bonito como se pone el sol, en el sitio de siempre, desde el sitio de siempre.
Lo haremos como te lo comento ahora y así lo recordaremos luego, muchas veces. Sí, hasta desgastarlo, como cada verano desgastamos con los pies descalzos ese mismo suelo, tantas veces.
Lo recordaremos hasta que ya no tenga sentido, si es que alguna vez lo tuvo.
¡Vente! Porque necesitamos saber:


Iremos a comprobar si seguimos siendo los mismos.





Del salto a la fama y otras espinas

Mis pequeños saltamontes:

No me he ido de vacaciones. Estoy acuartelada en casa de mis padres, no hay posibilidad de escapatoria: al menos en unas semanas. El calor se la tiene jurada a cualquier racha de viento de buena esperanza y en el sopor de este limbo me dedico a esquivar toda actividad que me suponga un mínimo esfuerzo.
Mientras el horizonte se ahoga en una amalgama alquitranada y mi padre toca el banjo en el portal de mi casa, mientras grandes bolas de rastrojos -¿alguien sabe cómo demonios se llaman?- amenazan con corromper la bellísima estampa murciana... en fin, mientras tanto, yo hago sudokus, juego con el gato, reviso el correo... ¿he dicho que también hago sudokus?

Vaya, que me aburro soberanamente: parece ser que la última brisa que consiguió traspasar la frontera de este páramo baldío sólo sirvió para esconderme en algún rincón del olvido una magnífica lista de objetivos útiles que yo tenía para el verano, y acabó por caducar todas las buenas nuevas que se me habían acumulado a final de curso. No sé exactamente en que momento me perdí, en que momento se me cortaron por la mitad los planes -entre ellos actualizar sin descanso este espacio- y ahora todo es un gran vacío de buenas intenciones que ahora tienen poco sentido y de planes que se me desbarataron.
Me he calado.
A veces ocurre porque sí. Y cuanto mayor fuera la velocidad que llevaras mayor es el parón. No queda más remedio que probar a arrancar la maquinaria de nuevo.
No sé quien dijo que uno no debía decir nada si no podía superar el silencio, no lo sé ni me voy a molestar en buscarlo porque no llevaba razón. Yo no tengo nada que decir, ni siquiera tengo ganas de decir nada, pero necesito decirlo. Porque sé que luego me sentiré mejor. Aunque sepa que esta vez no será especialmente bueno ni brillante: necesito superar el silencio.

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Así, en mi esfuerzo por construir algo que me ponga en movimiento de nuevo he enviado 5 obras mías a un concurso de la plataforma online Yuglo. Entre los premios, una exposición en la sala Báculo de Madrid ^^. Los más votados popularmente entrarán a ser juzgados por un jurado. Podéis votarme aquí, aquí, aquí, aquí y aquí, pero primero os tendréis que registrar.
Sí, es un verdadero coñazo, pero hacedlo porque soy pedantemente encantadora y encantadoramente pedante. Venga, yo sé que eso os gusta.

Hasta más ver caballeros!
María

LA VOZ DE LA INEXPERIENCIA

Ayer pusé pies en un andén de la madrugada murciana tras cuatro días en Barcelona que sólo podría calificar de "cojonudérrimos". Me he añadido una etiqueta: soy TAHINA. Esto es, participo en una beca llamada "TAHINA-CAN" que me llevará a Perú en septiembre durante once días en una expedición de 80 personas entre universitarios becados y monitores y demás por Lima, Cuzco, el perú andino, Machu Picchu, etcetc. Sé que cuando vuelva probablemente seré muy distinta de ahora, pero no me importa: un querido amigo mío hablaba de la necesidad de reencarnarse un par de veces al año. Y me queda una. El proyecto es una mixtura dificilmente descriptible entre periodismo de viajes, aventura y cooperación, ese tipo de cosas tan cargadas de matices que no caben en las palabras. En fin, que me siento una privilegiada absoluta y estoy henchida de orgullo cual pavo porque alguien haya creído que merecía la pena financiarme una beca para que yo estuviera allí. Escribí mi primer artículo de opinión -estoy en el departamento de prensa- durante estos días que he estado en Barcelona, en las jornadas informativas de la beca, tomando contacto con mi nueva nube y mi estrella.


LA VOZ DE LA INEXPERIENCIA

"Digamos que soy una voz en primera persona. Sólo un altavoz emitiendo desde el ombligo de Tahina-Can.

En estas circunstancias, es de esperar un nombre que suscite interés público como abajofirmante. Evidentemente no es mi caso: no he estado en Perú ni salí nunca de España; ni siquiera soy periodista. Digamos que cuento con vuestra buena disposición para compensar la carestía de autoridad nominal.

Holgando pues la tautología, creo que existen voces que, aunque anónimas, son bien legítimas; poderosas por su capacidad de empatizar. El “anónimo” se oculta detrás del pueblo, insta a la revolución y el cambio, se esconde detrás de algunos de los grandes clásicos de nuestra literatura y padece tras las arreboladas declaraciones de los primeros amores.

En este embrión de la Tahina-Can 2008 existe también una voz colectiva, que con estas líneas suscribo e intento validar –aunque a veces los razonamientos son sólo las excusas que uno se pone a sí mismo-: es la voz de la inexperiencia.

Unos están aquí por la más pura conjunción de casualidad y circunstancias, otros han llegado con el feliz ánimo de cambiar el mundo; resta todo el espectro de motivaciones intermedias. Pero, salvando las distancias obvias, ya se escucha un susurro de fondo.


Yo por ser sincera –de entrada no es mal atributo para una voz-, he venido a responder preguntas que tengo: sobre Perú, pero también sobre mí, sobre el futuro.

Confieso que al pensar en Perú veo a un montón de gente bajita, de tez morena y nariz achatada, vestida con un galimatías imposible de color en sendos ponchos de alpaca, lo cual no carece de la comicidad de las opiniones simples.

Nunca he vivido de forma cercana a una situación de pobreza ni apenas de forma austera. Tampoco me he relacionado con colectivo que defienda una cosmovisión, unas creencias diferentes por la base de las mías. Sé que a veces no puedo escaparme del prejuicio barato y pobre.

Digamos que soy la voz de la inexperiencia, pero me legitima que soy la voz de muchos. Es una voz, eso sí, con ánimos de renovación, quiere cambiarse por canciones los prejuicios y vestirse la impericia del vasto folklore del Perú. Traerse un diario de viaje con un poquito más de madurez entre sus páginas, que el peso de la experiencia retenga entre sus páginas el aroma, como quien diseca una flor entre ellas y la conserva por siempre.

Tenemos una misma voz y una misma estrella: alcémosla, hoy a pie de página; en unas semanas, en el Perú, a pie de calle."

[suena manos de topo-brumel]

Besos,
María

sprint final

Estoy prosaica del todo. Prosaica, pseudoanémica y casi hasta las narices. Y para colmo de males escribo desde un ciber. Odio los cibers del mismo modo que uno odia los centros comerciales con palmeras o el aire acondicionado demasiado fuerte en algún local. Más bien los odiaría si no fuese porque a mí odiar no me sale natural, yo más bien "destesto"; del mismo modo que ya apenas "me pongo triste" sino que "estoy jodida". Son detalles de los que un tiene que percatarse, la gente debería estar más pendiente de cómo conjurar su espectro emocional.

Por lo demás pocas novedades, lo único que después de haber metido a tantos poetas en mi cama, he decidido empezar a devolverle las misivas de amor a uno de ellos. El más meritorio.

Sigan bien, yo vuelvo en unos días.


contrarreloj & variétés

Estoy sin tiempo material para nada, así que, señores, vayamos al grano:




- Second round: "MODERNECES" se prolonga hasta el 15 de junio :)

- Me han publicado en la sección de cazatalentos de "CALLE 20", la revista online cultureta prima-hermana del 20 minutos :D

- Me toca mudarme ooootra vez, será la tercera este curso :(


Si sobrevivo a junio volverán a tener noticias mías.
Que les vaya bonito.


CATARSIS

[the show must go on]



Hace un día horrible, de esos blancos, que el cielo parece un tubo de tungsteno sucio alrededor del que aletean pequeños insectos aburridos hasta de volar. Por cuestiones de coherencia, -término que dejó de estar en vigencia desde que se acuñó el de "posmodernismo"-, el mundo de hoy es una cocina destartalada, con la nevera vacía y las puertas de los armarios apenas colgando de sus goznes. Seguro que hay un tomate partido abandonado sobre la mesa de la cocina, una de esas mesas que llevan una plancha de plástico encima que imita las vetas de la madera.

Yo también he vaciado la nevera hoy, la de la casa de A. Ya no es tu casa, está tan vacía. Tanto que te eriza los pelos de la nuca y te da escalofríos. He llorado un poco cuando me iba. Hacía mucho
que no lloraba. Antes lloraba casi todas las semanas, como ejercicio de desintoxicación casi. Por necesidad casi, el motivo era lo de menos. Lo dejé cuando se convirtió más en un ejercicio que en una desintoxicación. Es importante valorar las lágrimas de uno, es una cuestión de respeto para con uno mismo. Y yo soy un caballero. Pero la casa estaba tan vacía y la comida tan podrida que no he querido evitarlo.
Tampoco he querido mirar la cama.

Dentro de unos meses yo estaré viviendo ahí, no lo quiero pensar. Ahora mismo no es mi problema. Sin embargo, tengo la sensación de que todo el mundo se va de esta jodida ciudad y lo peor del asunto es que no es una sensación, es un hecho. A. trajo tantas cosas a mi vida que me da miedo hablar de ello en voz alta: te lo has llevado todo dentro de los discos de Sabina, de lo libros de poemas, dentro de las cartas y del millón de mantas que a veces ni necesitábamos.
En tu casa han quedado medio centenar de botellas de cerveza vacías. Seguro que si acerco la oreja a alguna todavía se oyen nuestras carcajadas, mis orgamos, charlas de arte hasta altas horas de la madrugada; a lo mejor, hasta se oye la tele encendida de fondo.
Pero no me lo tengas en cuenta. Odio contar mis miserias, prometí no hacerlo, ¿cuándo me tiene que bajar la regla?
A la gente, por el contrario, le encanta escuchar las miserias de los demás, les encanta ver asomar la cabeza al pequeño héroe trágico que llevamos dentro. No sé si será porque su vida es aburrida o porque les parece importante que tú te hayas marchado a otra ciudad. Es como esa pena fingida de las amas de casa cuando un chaval se abre la cabeza en el asfalto: ella llora y se seca las lágrimas con la puntita del delantal, y se vuelve negando con la cabeza a la cocina a pelar patatas. Qué estúpida que es la gente.

Yo sabía que llegaría este momento cuando decidí irme a vivir sola. El momento en que la soledad me azuzara, que no hubiera nadie lo suficientemente cerca o lo suficientemente disponible (las 24 horas) para tocar a mi puerta.
De todos modos mi timbre está roto.
De todos modos yo me iré pronto de esta casa.
De todos modos tu casa está tan vacía.
De todos modos ahora no es mi problema.

Como si ahora viniesen a cobrarse los platos rotos de tantos momentos geniales, siento una suerte de justicia platónico-cristiana, el dedo acusador del Pantocrátor. Odio esos remordimientos inculcados. Lo que sí es cierto es que Algunas ausencias se sienten sordas ahora, como heridas de guerra.



Es lo que hay. Uno puede maquillar las cosas que le pasan, el pasado se puede retocar casi con photoshop. Pero el futuro llega y es inevitable, hay cosas que sabemos seguro que pasarán y yo tengo algunas intuiciones. Ahora hago cábalas en esta peregrinación por el desierto.



MODERNECES


versión 2. 0 :)




críticas justas las necesarias,
necesarias las justas.

[qué poquito falta ya]



amnésica


Va por rachas que me olvido
de pasar noches en vela,
pintando y leyendo, rompiendo relojes.
Como olvido que de pequeña no entendía porqué olvidan los viejos.
Igual con la penúltima estación, y el azul del mar, al fondo,
donde dejé a quien quise y algunos jirones de carne.
No sé si por despiste o instinto de supervivencia,
pero en su momento no me importó tanto.
Mejor olvidar que hoy harían tres años.

Le firmé una tregua al mundo en esta gran nube etílica
de mis últimas batallas;
juré no comprometerme y no me acordé tampoco.

Y sí, me olvidé de tu cumpleaños,
esas cosas pasan, dicen
que es una minusvalía:
así olvido las promesas y las citas,
las deudas, el calendario,
esos chistes que me repiten
y siempre me río lo mismo.

Normal que olvide siempre
que yo misma abro la brecha,
la caja de pandora,
y que se ruega silencio.

Cuando la música calló se me oyó en voz muy alta
"me gustas mucho". Se me vió el plumero.
Pero hasta eso se me olvida.


Se me olvida porque sí,
igual que lo que comí ayer,
que yo siempre fui don quijote,
-"mamá, quiero ser artista!"-
y cuando me olvide de ahora
nos iremos por ahí de juerga
a embestir otros molinos.


En fin, que me olvido de todo.
De tus recomendaciones musicales,
de que ya toca formatearme
la fuerza de voluntad,
de la madre que me parió
y de donde dejé las llaves.
Hasta del nombre de aquel
director de cine cantonés.


Pegaría decirte que de ti no pienso olvidarme,
pero he dicho amnésica, no gilipollas.






kamikaze



- pero, sobre todo, dime:
...¿te imaginas mi voz?




sinestesias


La primera sensación de cigarro en mis labios, justo antes de prender, es como cuando estás a punto de follarme y te entretienes en mis caderas. Pero no, evidentemente no es lo mismo.

Y esto de ir ahora sola por ahí, el control de mis pasos, a ciertas escalas, me da el aire nostálgico del tedio. Es verdad que ciertos estudios estadísticos hablan sobre lo que puede pasar: aún así, el miedo de los últimos tiempos es más reposado, más sosegado que antes. Un miedo sordo, estoico y hasta paciente. Y eso que me va todo en esta mano (como valor constante).
No sé si será porque, como mi padre (ese genio anodino) dice, van veinte vueltas alrededor del sol, y ya hay algún ciclo cerrado. Y aunque todo es diferente, es inevitable esa familiaridad de parar en las mismas estaciones, saber el destino . Humo negro, combustión (hasta que no quede oxígeno) ¿Y luego? ya lo dijeron los hermanos Marx: ¡más madera!
Por otra parte, no soy la misma (esto también es un valor constante). Mi relación con la soledad es extraña (alguien diría sui géneri). Me redogeo en el encanto ficticio que dan las horas de soledad en mi buhardilla, el frío a veces, el ruido de los coches en la calle, colándose por la ventana; un devenir cotidiano.
Pero es mentira, ya no me tanto gusta estar sola. Físicamente sola.

Y puedo sentirme sobre un punto, en un punto, un punto, que inflexiona, se tensa ahora mismo mientras escribo, y de un tiempo a esta parte. La moneda está en el aire: la moneda soy yo, y yo soy quien la tira. Pero, aunque intuyo ciertas cosas, no conzco el resultado. Todo está en movimiento ahora.
Me encontré con ciertas cosas del pasado: miré, medí, comparé y supe que es mejor ahora. Todo se parece más a mí. Todo eres tú.