Mostrando entradas con la etiqueta monologue mood. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monologue mood. Mostrar todas las entradas

LOLA SE LICENCIA


Tras escurrir el bulto en la medida de lo posible -no por fastidiar, que el carácter de una es así- me dispongo a
hacer los deberes.
Lola llegó a nuestras vidas hará 5 años y nos contagió de un ritmo pseudoepiléptico con la cosa de que estaba sola, y de que buscaba follón. Estas jovencitas. Pero claro, tras el tsunami de la adolescencia rabiosa que todo lo arrasa, los de Barcelona se quedaron solos en su resaca para recoger los despojos de la fiesta.
Pastora es un conjunto trifásico, peculiar y callejero. Si es por etiquetar de manera estricta Dolo es voz y letras, Caim se encarga de la composición musical y Pauet -aquí una nota distintiva- se encarga de la composición visual que se proyecta en cada directo. Claro que yo no soy una wiki, si quieren saber más síganme por aquí, por favor.


El caso es que a mí este grupo siempre me ha hecho gracia por el espíritu con que afronta su carrera, parece que se lo tomara todo un poco a guasa pero a un tiempo tiene un empaque y una solidez como firma que no pasa desapercibida. Quiero pensar que es una conjunción que se da en la gente que tiene las cosas claras: aquello de despacito y con buena letra. Quizás es por eso que han conseguido crear ese tejido vinílico y pegadizo hilado mediante las melodías y las letras.
Desprenden el carácter costumbrista que se fabrica con las cosas importantes: la rutina, el amor y el ruido, siempre funambulistas entre la extroversión más hedonista, y la melancolía de las vísperas y los epílogos que contrae todo el que nace de cara al mar. Y una dice estas cosas con la seguridad de un camino musical que se afianza en sus bases y va en crescendo.


En cuanto al asunto que nos atañe en concreto, el nuevo disco de remezclas, hay más incógnitas en la ecuación. Bajo el pseudo Elegant distorsion dos jóvenes formaciones electrónicas, Sidechains -éstos denominados los ahijados de Daft Punk- y Catcomplex meten en la batidora los temas más sonados de Pastora para conseguir lo que se suele decir que es más que la suma de las partes. Claro está que hay que ser ordenados y que para disfrutar de Pastora RMX Ed primero te tiene que gustar el grupo sin RMX Ed ni peros que valgan, pero -porque siempre hay un pero, y esto es inevitable como la gravedad o el amor- para quien quiera salir de dudas el album se encuentra al completo en Spotify.
En mi bipolaridad habitual mi yo melomaníaco difiere de mi yo lector en opiniones sobre el formato físico: para un disco de estas características no hubiera sido necesario editar un CD, más teniendo en cuenta como baila -o ya más bien se tambalea, con unos cubatas de más- el panorama musical en estos tiempos revueltos de canon y revolución. El detalle que sí es de apreciar es que se haya editado un vinilo del que pueden disfrutar los verdaderos afiliados al sonido del grupo.


Pastora con esta nueva vuelta de tuerca se muda a los 80 y destila nanas para discoteca, con un broche final que a mi entender es una verdadera joyita: el tema
Lola en acústico, donde Dolo agarra en bis a bis a su alter ego y se hace casi icónica.
A mí me da igual si soy del montón, así que les ofrezco un par de opiniones -una y dos- que degluten con más oído, no sé si más o menos tacto, el sonido del álbum. Aunque para alumnos aventajados que quieran formarse la suya propia siempre queda este making off del meollo.

Gracias por su atención. Siempre es un placer que lleguen hasta el final. Y no estoy hablando de sexo pero casi, hablo de lectura.


María


EL QUINTO GRADO

1. Si tuvieras que vivir la vida de un personaje de toda la historia de la literatura, ¿cuál sería? ¿Y por qué?
Si fuera a vivir para siempre en un libro tendría que vivir como un truhán como un señor, así que me quedo con Corto Maltés*. Las razones me parecen más que evidentes.


2. Todo tenemos un bar preferido, ¿cuál es el tuyo?
Hay un sitio en Granada que me encanta pero no voy a decir dónde, tienes que haber sido muy bueno en otra vida para ser merecedor de conocerlo. Para nosotros ha sido siempre "El bar del xxxx". xxxx es un señor... no, xxxx no tiene nada de señor en realidad. xxxx es el tabernero en el mundo de las ideas de Platón: gritón, putero y excesivo, con un gran repetorio de chistes verdes.
Su bar tiene un farolillo verde en la puerta y dentro es un antro estrello y lleno de cacharros antiguos y carteles de flamenco y corridas (de toros). Las más de las veces se monta un tinglao improvisado y se presentan un puñado de gitanos y flamencos de diverso pelaje a amenizarse la vida con la guitarra. Él se despacha a gusto con todos, y si alguien (le) molesta lo larga sin el menor reparo.
En cuanto a nosotros, nos saluda como a mendigos y luego nos trata como a reyes; la más de las veces nos ponemos tibios por cuatro perras mientras hacemos tertulia literaria. También las más de las veces, hasta que el alcohol hace que empiecen a trascender más otros temas.
Sin duda es el bar. "¿Conoces a Ted?

3. Encuentras un libro que no conoces por la calle que lleva tu nombre escrito en la dedicatoria, ¿azar, casualidad, destino?
No creo en el destino. O si que creo, como recurso poético casi. Nuestro sistema perceptivo y nuestro cerebro están programados precisamente para crear ese tipo de asociaciones, es inevitable que nos planteemos la idea de coincidencia como destino: es lo mismo que cuando nos enamoramos de alguien y de repente vemos su nombre por todas partes. Más allá de ser muy poético y curioso, no deja de ser una sensación.
Eso sí, me haría mucha gracia y seguro que lo acabaría publicando en el blog, esperando que el destino haga que su legítimo dueño lo lea.


4. ¿Qué canción dejarías a tus amigos como recuerdo tuyo?
Imagino que si los fuera a dejar para siempre sería el momento perfecto para reverles mi secreto más oscuro vía musical. "¡Era tan joven e impresionable!"

5. ¿A qué te recuerdan un enano travesti vestido de cabra cubierto de uvas y bebiendo dulce de leche?
Uf, imposible de contestar, sólo me vienen a la cabeza referencias sexuales. A saber qué engranaje se me trastocado con la preguntita.


El lindísimo Jorge me mandó un meme -el primero que hago para el blog, y el caso es que me gustan estas chorradas-, que consistía en 5 preguntas confecionadas explícitamente para el destinatario. Si alguien quiere seguir con el círculo vicioso no dude en comunicármelo vía comment.
Pasenlo bien.

VÓLAAARE

Se acabó lo que se daba. La gente corre enloquecida comprando, saltando de tienda en tienda, sin saber dónde va a posar la tarjeta y los buenos modales de corteinglés: lo mismo que si fuera el fin del mundo. Qué animalejos tan curiosos somos, que de todo queremos hacer ritual y ceremonia, tradición y sabiduría popular.Cada cual va descubriendo el mundo en los mismos dichos y en los mismos actos que otro acometió sólo un poquito antes.

Sí, este es un post de balance. De balance de las últimas horas del 2008.
He mutado en tantas formas y colores este año que me tocaría hacerme enciclopedista como Diderot en el afán de recopilar. Ahora me pesan más los significados de las palabras y soy un poquito -sólo un poquito- más consciente y más práctica. Quizás es porque ahora creo que lo malo de vivirlo todo a flor de piel es éso, que las cosas se quedan en la piel y no las acabas haciendo tuyas. Y lo mío lo quiero dentro, entrañable, que es mucho y bueno, y escrito no me sirve para nada.
Estoy pasando las navidades en casa de mis padres, en el rincón donde me nacieron. Me viene algo que le escuché a Borges sobre uno de sus poemas antiguos, decía que más que incomodarlo o extrañarlo lo sentía ajeno, y ni sus faltas ni sus aciertos, si los había, se los podía adjudicar.Algo me pasa a mí con esta tierra que ya es tan poco mía, cada vez que me voy me voy para siempre, con las raíces echadas para adelante, a ver dónde van a parar.
Esta noche me quedo en casa con mis padres, y mañana madrugo para echar unos días de reposo y desintoxicación del pueblo con el poeta en Madrid, que buena falta me hacen. Estoy muy contenta y tengo hambre de cosas. Me siento con estrella para lo que queda de año y para el siguiente, y todo suena un poquito a Andalucía, asín, con ganas de bailar, con ganas de volver, que me sale la vena granaína, la cava que es la del corazón.

Estaré unos días alejada de los mundos internautas. Y no prometo que vaya a volver, pero es muy posible ^^.
Vamos a por el siguiente, caballeros.

Besos,
María


De neuras y vértigos

Contra todo pronóstico he sobrevivido a mi última semana de clase, por tanto soy libre para volver a postear y perder el tiempo de forma variada y exquisita.
El miércoles fue un día de locos, para empezar pasé la noche en vela. Una costumbre que tenía algo olvidada y, aunque no fue por placer, lo cierto es que pasé un rato genial.
Estuve todo el día trabajando con la
estenopeica y haciendo cianotipias y ya por la noche con el tocadiscos echando humo y a revelar. Cada ver me gusta más la luz roja.

Por la mañana, todavía oscuro salir a la calle abrigada hasta los dientes, café y pitillo en mano y ver amanecer acodada en el calor del bus. Mirar el sueño de la gente, construyendo rutina y, lo mejor, la satisfacción de trabajo bien hecho y ¡por fin! entregado.
Se me está haciendo muy cuesta arriba el último año de carrera, más que nada porque no estoy muy por la labor. El cuerpo me pide otra cosa, me pide actividad frénetica y a ser posible bien pagada. Así que el sprint final de la unversidad se me está conviertiendo en
el segmento infinitesimal de Zenón, y por supuesto yo soy el tonto de Aquiles, cosa que me empieza a frustar.

Peleo a la contra entonces, para olvidarme de que soy una mantenida. Planeo la próxima exposición para abril en
Pupatattoo, "Mi niño malabar", probablemente la última que haga viviendo en Granada. Pronto explicaré por dónde van los tiros y colgaré los primeros bocetos, por ahora me estoy haciendo a la calle a fotografiar y tomar apuntes: soy una con el boli bic ^^.
Luego está el proyecto de mi viaje a Perú en septiembre, el de un cómic a dúo con el periodista en ciernes de
"Me molesta la caspa" y la novela gráfica que planeo en las horas bajas para cuando sea una licenciada con paz de espíritu: "Mecánicas de la ausencia".
Para rematar toda la hiperactividad, ayer en la biblioteca, ya con 36 horas sin ver una cama echadas a la espalda, conocí a
Mónica, una chica preciosa que me hará de modelo para algunas ilustraciones de la exposición; puede que además yo pose para su chico, que es fotógrafo.
Lo mejor, mañana concierto del
Sr. Chinarro con el harto carismático astronautta, para irme a casa de mis padres estas vacaciones con muy buen sabor de boca.

Esto es un no parar
(y que dure).




+ EN PÁJAROS: Lucong

LAS HISTORIAS DE SIEMPRE I

En la punta de la lengua siempre tengo una historia de secretos de alcobas victorianas,
con fantasmas en los pasillos rojos de un club de carretera ambulante.
Hay un detective de tercera en la mesa del fondo, ahogando sus miserias en humo y en Bourbon. Las mismas miserias que las de la bailarina exótica de la barra -que es madre soltera- y que las de la cantante alemana de jazz, que nació con el muro de Berlín.

Porque todas las historias son la misma.

La del pibe argentino de novela de Cortázar, paseando la londinense niebla matutina que siempre oculta un crimen, por defecto. Puede que el del apocado dependiente, cuarentón y calvo psicokiller. El de su mujer y su amante, un pintor francés en su buhardilla abarrotada.
Es mención necesaria la de aquel incisivo periodista, que perdió los nervios y la esperanza en un diario local. O la de la enorme duda moral del abogado de la parte cupable.

Son la misma.

Al viejo saxofonista le han diagnosticado un edema, se marchita en una esquina, rememorando otras vidas. Y existe un jefe mafioso con una ametralladora y ataques de epilepsia y una alicia en el país de las maravillas, siempre puesta de LSD. Una princesa pija de derecho en edad de desposar -"mataré un dragón si vienes a cenar"-. El fantasma de la Ópera la tiene agregada al tuenti.

La misma.

La hechicera negra de Nueva Orleans tiene una nueva línea de muñecos de coleccionista. El náufrago de la isla pidió una novia nipona por catálogo. La puta que se enamora en el Donkin' donuts de la esquina. El tipo de gabardina y la rubia fatal al borde del orgasmo.

La tuya.



¡! BEAUTIFUL LOSERS en Pájaros en la cabeza.

ACTUALIZACIÓN 4/12: corregida alguna errata que achaco a la falta de sueño y el exceso de vicios. Firmada la autoría del verso con un link.


DIA D

Me despertó esta mañana una llamada de teléfono: me había quedado dormida. En teoría -en una realidad alternativa donde hago las cosas como es debido y soy una persona responsable-, debía estar allí a las 7:30, pero sumaban 10 minutos más de la hora acordada y yo seguía revolviéndo sábanas y delirando sueños mitómanos.
Tuve pedir disculpas -a la enfermera y a las sábanas por abandonarlas de tan abrupta manera- y, sin ni siquiera ponerme el sostén, salir corriendo al frío de la mañana para buscar un taxi. En menos de 10 minutos estaba allí, me permití excusada en la urgencia la licencia poética de decirle al taxista que se quedara con la vuelta de mi billete. Novelé durante el camino sobre lo que pensaría aquel hombre de una chica joven y con mucha prisa que coge un taxi el domingo a tan intempestiva hora para las afueras.

Una vez dentro me hicieron pasar a un pequeño dormitorio y me pidieron que me desnudara. Era una de esas salas decoradas de manera que resulten lo más hospitalarias posible -una lamparita barata sobre una mesilla barata, un par de estampas de Monet en la pared, una moldura rosa pastel en la pared, junto al techo-, y que acaban resultando aún más desconcertantes porque se alejan de todo lo que uno espera de una clínica ginecológica.

En el quirófano, un médico de belleza pretenciosa -l'oreal paris men expert- me colocó el suero con más voluntad que fortuna. Pude ver como varios hilillos de sangre me resbalaban por el brazo antes de que el tipo consiguiera controlar la pequeña carnicería con esparadrapo. La sedación llegó antes de que me diera tiempo de hacer estadística de los resultados que se pudieran derivar de que aquel inútil con gomina doctor fuera a hurgar mis interioridades.
Lo siguiente que recuerdo es un "¿cómo estás?", y una respuesta ahogada por la risa floja de mi parte, "dormida, ¿hemos terminado ya?".

De vuelta al aséptico dormitorio, más suero, galletas de chocolate y un libro. Imagino que la enfermera se preguntaba porqué no le había pedido a nadie que me acompañara. No lo llegó a preguntar en voz alta y salió de la habitación dejándome a solas con Auster.

Entonces la espera. Algun dolor punzante en el estómago. Cerré el libro y me planteé la posibilidad de que algo hubiera salido mal, de que me desangrara allí en aquella cama horriblemente cursi y maternal, semi vestida con el desgastado fieltro azul de una bata de hospital. O de que me hubieran vaciado por dentro, dejándome infértil con 21 recién cumplidos. Contemplé la posibilidad de no tener nunca hijos; no soy la típica chica que dice que nunca los tendrá, simplemente es algo en lo que no pienso debido a mi clara falta de instinto maternal. Mientras algún pequeño hijo de vecino recibe una corte de atenciones femeninas, yo siempre me quedo en un discreto segundo plano.
Pienso en lo que dice Bukowski en "La senda del perdedor", algo así como que los niños están hechos para ser vistos, pero nunca oídos.
Pienso en si mi altruista ovúnculo llegará a convertirse en una personita, si se parecerá a mí, si sus padres le contarán que es en un 50% genéticamente igual a una desconocida. Y si, en ese caso, se preguntará como soy; como en esas películas tan malas de sábado tarde en telecinco.

Luego la enfermera llega, me tiende un cheque y me acompaña a la salida. Yo dejo de pensar gilipolleces y me vuelvo andando a casa, con la satisfacción del trabajo bien hecho.





Feliz domingo, señores.

LUIS GARCÍA MONTERO

[o los héroes contemporáneos]

Se abre la veda: el departamento de literatura de Filosofía y Letras ha aumentado su radio de acción a la palestra nacional, y de él han salido en desfile circense todos sus entrañables personajes. El señor Luis García Montero abandera la procesión, sentencia en mano y puño levantando en defensa de la libertades, propias y ajenas; seguido de Fortes, el revisionador marxista, el juez Torres y la larga comitiva de indignados sedientos de revancha.

Yo me pregunto de qué tanto alboroto. Hasta qué punto incumbe a la opinión pública que estos dos literatos no hayan sido capaces de refrenar su disgusto el uno por el otro y hayan convertido los juzgados en un patio de colegio. Un ring de boxeo en el que ya no sabemos si se discute la gravedad injuriosa de la palabra "perturbado", la defensa de la figura de Lorca tal como se entiende y se prestigia masivamente en Granada, una formación alejada del sectarismo para los alumnos de estos dos reverenciados señores, las disputas entre Góngora y Quévedo o sabe Dios si la dudosa existencia de un señor llamado "López de Vega".

Y es que cuando el prestigio literario entra por la puerta, el sentido común salta por la ventana. García Montero alega que ya ha aguantado sufientes impertinencias en referencia a las ya archicomentadas opiniones de Fortes acerca de la condición política de Lorca y Ayala, o de las sentimentalidades de Egea y los otros. Saca la chequera y se va con la cabeza alta; dice que recurrirá tan sólo si con ello "puede abrir un debate acerca de la libertad de expresión". Que a él, vamos, ni le va ni le viene.
Él publico emocionado se levanta y lo corona de laurel en una estampida entusiasta y sin frenos. Nadie se para a pensar que este señor es un poeta endiosado del olimpo literario, de feria y enchufismo, como cualquier otro. Con sus luces y sus sombras y que, al fin y al cabo, ha quemado etapa y tiene sus planes y su familia en la capital.


Nuestro adalid de la libertad bien podría haber echado mano de oficio para sumar en sutileza e ironía para su columna y ahorrarnos esta pelea de gallos tan innecesaria.
O tan entretenida, según como se mire. Porque es casi enternecedor ver como se nos olvidan los grises. Como la masa polariza cuando necesita fabricar héroes, aunque luego el resultado tenga ya poco que ver ni con García Montero ni con Fortes ni con sus trapos sucios.





EL VIOLINISTA

El violinista se ha mudado a mi barrio: justo a la vuelta de la esquina, junto a la óptica. Lleva toda la semana despertándome siempre con la misma sonata, que sólo se me ocurre que haya podido copiar de una peli de Fellini o de una reunión familiar de la camorra napolitana.
Cada día lo ves apostado en el mismo sitio, aporreando el violín gastado, tan estropeado como el dueño. Si te concentras los puedes fundir a ambos en un mismo elemento que chilla como un gato apaleado.


El violinista no sabe que todos los días se cuela por mi ventana, se funde con la luz cálida que se filtra a través de la cortina y me golpea con ese puñetero violín hasta sacarme de la cama. Y yo me levanto resignada, sabiendo que llevaré todo el día la cancioncilla grabada en el seso.

Dentro de unos años o unos meses, cuando ya no viva en Granada, puede que recuerde al violinista viejo, con su trasto y su pelea de gatos. Entonces también recordaré mi dormitorio, con la luz cálida, la cortina hortera y la enorme cama. Mi té de la mañana, mi tocadiscos y mis pinturas. Mi café de media tarde, mi videoclub favorito y mis fotos recién reveladas. Mi vino de la noche, mi colección de Corto Maltés y mis horas de vigilia. Y la gente que ha pisado este apartamento maravilloso y todo lo que me ha pasado aquí.
Entonces, me gustará recordar la sonata del violinista viejo.


HORAS BAJAS



En la depresión del monedero, que sufre una crisis de identidad porque siempre está vacío.
En los locales que cierra y en las obras paradas al mediodía.
En las colas en los bancos y en las pescaderías; en el tráfico de la rutina obligada, calculada para pensar poco.
En los currículos pegados en plena calle, junto a una chica preciosa riñendo por teléfono a su madre.
Pienso en sí serán felices los transeúntes en las horas frías.

En la mitad ociosa de la tarde.
En lo feas y aburridas que son las donantes de óvulos, invariablemente desproporcionadas, que se amontonan en la sala de espera.
En los escaparates que se ofrecen con la sonrisa celestina de una puta vieja.
En la tele encendida y apagada como un intermitente. Encendida de nuevo -cuándo dos nutrias se follan en un charco de la dos-.
En el tintero que me mira de reojo y se autodestruirá en unos segundos, cansado de esperar.
En la gripe que se ciñe al cuerpo como un vestido ajustado.
Pienso en cuando acepté la derrota de las horas largas.

En la noche que se acumula temprana sobre los tejados: se hace hueco entre las palomas y las chimeneas.
En el café caliente de la cocina que huele a alegrías gastadas por los bordes.
En el sexo húmedo de una cama vecina que suda y que grita; en las sábanas que yo revuelvo mientras leo nada y todo oscurece.
En que a la casa le salen brazos y me acaricia de a poco.
Y en que la nostalgia es mala compañera pero acompaña al fin y al cabo en las horas bajas.



EL CHOCOLATE ESPESO


"En nuestra vida real
siempre fuimos decadentes,
tuvimos la libertad
atrapada entre los dientes"

[calamaro]



He estado tirando de archivo histórico estos días, de tanto mirar esas nubes que traen cosas nuevas.
Cada año las espero, voy sacando el cuerpo a la ventana; y me caigo otra vez, contagiada de ese virus de insatisfacción que traen los tiempos que esperas. Esa afección que no es otra cosa que un disfraz de la nostalgia, de la cara de tonta que se me queda al rascar la pátina que da el tiempo al recuerdo. La culpa será de la humedad: es entonces cuando me caigo.

En las nubes.
Así es que llevo unos días flotando en el formol de ciertas memorias sutiles, de estampas surrealistas de vigilia.
Me vino una de esas imágenes que te llegan por osmosis, qué-se-yo,de los bichos del polvo o algo así: me parecería un gesto de amor precioso que alguien me desenredara el pelo. Ojalá yo pudiera.
Yo sé que sería un buen hombre, me falta masculinidad para ser un genio: pero qué bonita la ternura que hay en comprar flores y condones.

En el aire.
13 horas hasta Perú. Como un trámite, facturarme el corazón a ver si me lo perdieran: no quiero que te vayas.
Cómo reconstruir ahora esas ficciones nuestras tan reales, ahora que el tendero sabe nuestros nombres y que estoy segura de que algunas mañanas han hablado de nosotros. Mientras nos abrigábamos el calor de la estufa, al calor de la alfombra, de follar y beber vino. De ponerse de acuerdo en las cosas importantes, como no comprar nunca jabón de las manos y lavárselas con gel de ducha. Gastarlo luego todo en libros de segunda mano y vinilos, porque son clásicos, che. Todo tú, con tu charme. Siempre divagando, exaltados hasta por el pulso propio. Siempre a la deriva.


Las mismas nubes, el mismo polvo en el aire: sólo mirar, fumarse un cigarro. Mirar también el humo; por aquello de novelarse un poquito la vida.
Una niña tendrá mis ojos y llamará mamá a otra persona: yo lo hago sólo por el dinero. Voy a buscarme un trabajo -"hazte camarera"-. Voy a exponer. Voy a acabar la carrera y esas cosas. Me iré de Granada huyendo de las memorias sutiles, buscando otras nuevas que extrañar luego -incurable-. La guindilla en el chocolate espeso.




Vuelvo de Perú el día 26. Cumpliré 21, pero no creo que tenga las cosas mucho más claras.

TEATRO

Podría empezar por algo trivial y sin un significado concreto.
Que te hiciera pacer en pensamientos etéreos y resbaladizos.
Algo así como una fábula acerca de los veranos de la niñez y de la crueldad infantil, de moraleja un puntito siniestra y nada arrepentida, como algunos cuentos de Neil Gaiman.

Y concidirías conmigo en que esto es ficción.


Afinando un poco más podría contarte acerca de mi abuelo, que era un Neptuno terrestre, un gran señor. Decir que desciendo de piratas, y que él era un marino, un capitán, pero que en vez de pata de palo cargaba con un enorme zapato ortopédico. De rigor en esta historia sería decirte que fumaba puros el muy catalán; que una vez pescó una cría de ballena. Que se volvió con el tiempo un viejo aspero y grandilocuente que se automedicaba a placer, quizás confesarte que me daba un poco de miedo.
Y que mi padre se le parece mucho.
Y que yo amo y sobre todo odio a los hombres de mi familia.

Pero no sé cuanto hay de verdad aquí ni cuanto de mitología.


Y buscando el tono adecuado, comentarte off the record que no me apetece nada ponerme melancólica ni arrastrarme, que preferiría escribir algo alegre, como esas historias de surrealismo cotidiano de Astrud, y desde luego, esquivar a toda costa ese tono de modernita de tetas incipientes que escribe como fotocopiada y es del todo insufrible.

No sé si esto tiene sentido.


Yo lo que querría es divertirte con cientos de mentiras para adularte, o conquistarte, hacer un derroche luminoso de carisma. O en fin, desnudarme un poco más y contarte algo que fuera cierto, ir escarbando en la carne, desde la cotidianidad de lo trivial hasta lo hondo del problema, y arrastrarme en el lodo de lo mediocre para buscar algo verdadero que contarte, algo que sea auténtico; humillarme buscando esa pepita de oro reluciente, esa literatura -tan sólo algo que pueda leer después y sentirme orgullosa-.
Destilar la vida a mi alrededor para urdir con egolatría un par de frases brillantes, que te hagan despegar unos milímetros del suelo, por un breve instante, para que vuelvas otro día a asomarte a la reja.
A traerme claveles.
Y, sobre todo, no decepcionarme descubriendo que no podrás extrapolar nada de esto, porque todo esta vacío ahora, todas las palabras y no sé bien que me pasa.

Al menos, ya en el backstage, barruntar sobre el problema, que se concretara alguna de mis cosas, reventar esta burbuja y formular al fin la cuestión. Surrurarle al que se encarga de subir y bajar el telón que yo no quiero cambiar el mundo, sólo vivir según mis reglas, y que si eso es una utopía a los veinte, que me llamen soñadora, pero que hagan bajito, no vayan a despertarme.

Pero el problema es que A. tenía razón -como de costumbre- y este ambiente es muy castrador. Y yo ya no sé lo que me (les) digo.


LA VOZ DE LA INEXPERIENCIA

Ayer pusé pies en un andén de la madrugada murciana tras cuatro días en Barcelona que sólo podría calificar de "cojonudérrimos". Me he añadido una etiqueta: soy TAHINA. Esto es, participo en una beca llamada "TAHINA-CAN" que me llevará a Perú en septiembre durante once días en una expedición de 80 personas entre universitarios becados y monitores y demás por Lima, Cuzco, el perú andino, Machu Picchu, etcetc. Sé que cuando vuelva probablemente seré muy distinta de ahora, pero no me importa: un querido amigo mío hablaba de la necesidad de reencarnarse un par de veces al año. Y me queda una. El proyecto es una mixtura dificilmente descriptible entre periodismo de viajes, aventura y cooperación, ese tipo de cosas tan cargadas de matices que no caben en las palabras. En fin, que me siento una privilegiada absoluta y estoy henchida de orgullo cual pavo porque alguien haya creído que merecía la pena financiarme una beca para que yo estuviera allí. Escribí mi primer artículo de opinión -estoy en el departamento de prensa- durante estos días que he estado en Barcelona, en las jornadas informativas de la beca, tomando contacto con mi nueva nube y mi estrella.


LA VOZ DE LA INEXPERIENCIA

"Digamos que soy una voz en primera persona. Sólo un altavoz emitiendo desde el ombligo de Tahina-Can.

En estas circunstancias, es de esperar un nombre que suscite interés público como abajofirmante. Evidentemente no es mi caso: no he estado en Perú ni salí nunca de España; ni siquiera soy periodista. Digamos que cuento con vuestra buena disposición para compensar la carestía de autoridad nominal.

Holgando pues la tautología, creo que existen voces que, aunque anónimas, son bien legítimas; poderosas por su capacidad de empatizar. El “anónimo” se oculta detrás del pueblo, insta a la revolución y el cambio, se esconde detrás de algunos de los grandes clásicos de nuestra literatura y padece tras las arreboladas declaraciones de los primeros amores.

En este embrión de la Tahina-Can 2008 existe también una voz colectiva, que con estas líneas suscribo e intento validar –aunque a veces los razonamientos son sólo las excusas que uno se pone a sí mismo-: es la voz de la inexperiencia.

Unos están aquí por la más pura conjunción de casualidad y circunstancias, otros han llegado con el feliz ánimo de cambiar el mundo; resta todo el espectro de motivaciones intermedias. Pero, salvando las distancias obvias, ya se escucha un susurro de fondo.


Yo por ser sincera –de entrada no es mal atributo para una voz-, he venido a responder preguntas que tengo: sobre Perú, pero también sobre mí, sobre el futuro.

Confieso que al pensar en Perú veo a un montón de gente bajita, de tez morena y nariz achatada, vestida con un galimatías imposible de color en sendos ponchos de alpaca, lo cual no carece de la comicidad de las opiniones simples.

Nunca he vivido de forma cercana a una situación de pobreza ni apenas de forma austera. Tampoco me he relacionado con colectivo que defienda una cosmovisión, unas creencias diferentes por la base de las mías. Sé que a veces no puedo escaparme del prejuicio barato y pobre.

Digamos que soy la voz de la inexperiencia, pero me legitima que soy la voz de muchos. Es una voz, eso sí, con ánimos de renovación, quiere cambiarse por canciones los prejuicios y vestirse la impericia del vasto folklore del Perú. Traerse un diario de viaje con un poquito más de madurez entre sus páginas, que el peso de la experiencia retenga entre sus páginas el aroma, como quien diseca una flor entre ellas y la conserva por siempre.

Tenemos una misma voz y una misma estrella: alcémosla, hoy a pie de página; en unas semanas, en el Perú, a pie de calle."

[suena manos de topo-brumel]

Besos,
María

CATARSIS

[the show must go on]



Hace un día horrible, de esos blancos, que el cielo parece un tubo de tungsteno sucio alrededor del que aletean pequeños insectos aburridos hasta de volar. Por cuestiones de coherencia, -término que dejó de estar en vigencia desde que se acuñó el de "posmodernismo"-, el mundo de hoy es una cocina destartalada, con la nevera vacía y las puertas de los armarios apenas colgando de sus goznes. Seguro que hay un tomate partido abandonado sobre la mesa de la cocina, una de esas mesas que llevan una plancha de plástico encima que imita las vetas de la madera.

Yo también he vaciado la nevera hoy, la de la casa de A. Ya no es tu casa, está tan vacía. Tanto que te eriza los pelos de la nuca y te da escalofríos. He llorado un poco cuando me iba. Hacía mucho
que no lloraba. Antes lloraba casi todas las semanas, como ejercicio de desintoxicación casi. Por necesidad casi, el motivo era lo de menos. Lo dejé cuando se convirtió más en un ejercicio que en una desintoxicación. Es importante valorar las lágrimas de uno, es una cuestión de respeto para con uno mismo. Y yo soy un caballero. Pero la casa estaba tan vacía y la comida tan podrida que no he querido evitarlo.
Tampoco he querido mirar la cama.

Dentro de unos meses yo estaré viviendo ahí, no lo quiero pensar. Ahora mismo no es mi problema. Sin embargo, tengo la sensación de que todo el mundo se va de esta jodida ciudad y lo peor del asunto es que no es una sensación, es un hecho. A. trajo tantas cosas a mi vida que me da miedo hablar de ello en voz alta: te lo has llevado todo dentro de los discos de Sabina, de lo libros de poemas, dentro de las cartas y del millón de mantas que a veces ni necesitábamos.
En tu casa han quedado medio centenar de botellas de cerveza vacías. Seguro que si acerco la oreja a alguna todavía se oyen nuestras carcajadas, mis orgamos, charlas de arte hasta altas horas de la madrugada; a lo mejor, hasta se oye la tele encendida de fondo.
Pero no me lo tengas en cuenta. Odio contar mis miserias, prometí no hacerlo, ¿cuándo me tiene que bajar la regla?
A la gente, por el contrario, le encanta escuchar las miserias de los demás, les encanta ver asomar la cabeza al pequeño héroe trágico que llevamos dentro. No sé si será porque su vida es aburrida o porque les parece importante que tú te hayas marchado a otra ciudad. Es como esa pena fingida de las amas de casa cuando un chaval se abre la cabeza en el asfalto: ella llora y se seca las lágrimas con la puntita del delantal, y se vuelve negando con la cabeza a la cocina a pelar patatas. Qué estúpida que es la gente.

Yo sabía que llegaría este momento cuando decidí irme a vivir sola. El momento en que la soledad me azuzara, que no hubiera nadie lo suficientemente cerca o lo suficientemente disponible (las 24 horas) para tocar a mi puerta.
De todos modos mi timbre está roto.
De todos modos yo me iré pronto de esta casa.
De todos modos tu casa está tan vacía.
De todos modos ahora no es mi problema.

Como si ahora viniesen a cobrarse los platos rotos de tantos momentos geniales, siento una suerte de justicia platónico-cristiana, el dedo acusador del Pantocrátor. Odio esos remordimientos inculcados. Lo que sí es cierto es que Algunas ausencias se sienten sordas ahora, como heridas de guerra.



Es lo que hay. Uno puede maquillar las cosas que le pasan, el pasado se puede retocar casi con photoshop. Pero el futuro llega y es inevitable, hay cosas que sabemos seguro que pasarán y yo tengo algunas intuiciones. Ahora hago cábalas en esta peregrinación por el desierto.



amnésica


Va por rachas que me olvido
de pasar noches en vela,
pintando y leyendo, rompiendo relojes.
Como olvido que de pequeña no entendía porqué olvidan los viejos.
Igual con la penúltima estación, y el azul del mar, al fondo,
donde dejé a quien quise y algunos jirones de carne.
No sé si por despiste o instinto de supervivencia,
pero en su momento no me importó tanto.
Mejor olvidar que hoy harían tres años.

Le firmé una tregua al mundo en esta gran nube etílica
de mis últimas batallas;
juré no comprometerme y no me acordé tampoco.

Y sí, me olvidé de tu cumpleaños,
esas cosas pasan, dicen
que es una minusvalía:
así olvido las promesas y las citas,
las deudas, el calendario,
esos chistes que me repiten
y siempre me río lo mismo.

Normal que olvide siempre
que yo misma abro la brecha,
la caja de pandora,
y que se ruega silencio.

Cuando la música calló se me oyó en voz muy alta
"me gustas mucho". Se me vió el plumero.
Pero hasta eso se me olvida.


Se me olvida porque sí,
igual que lo que comí ayer,
que yo siempre fui don quijote,
-"mamá, quiero ser artista!"-
y cuando me olvide de ahora
nos iremos por ahí de juerga
a embestir otros molinos.


En fin, que me olvido de todo.
De tus recomendaciones musicales,
de que ya toca formatearme
la fuerza de voluntad,
de la madre que me parió
y de donde dejé las llaves.
Hasta del nombre de aquel
director de cine cantonés.


Pegaría decirte que de ti no pienso olvidarme,
pero he dicho amnésica, no gilipollas.






el amor y sus circunstancias

mood: pajas mentales fruto de estados alcohólico-vegetales.
music: nacho vegas y la rosenvinge, este finde en la copera.
más: ya tengo fecha! ["MODERNECES" 05/08 en la Tertulia]



La Tierra: una bolita de fuego condensada en varias capas distribuidas según la densidad de sus metales, gravitando de forma rotatoria perdida en un todo descoordenado del que conocemos una infinitésima parte.
Más de 6.500 millores monos con palos ocupando su superficie, repartidos entre 8 biomas principales -el bosque templado, el bosque lluvioso tropical, el desierto, la pradera, la tundra, la taiga, el chaparral y el océano-, distribuidos a su vez en zonas ecuatorales, tropicas, templadas o polares.

6 razas principales, junto a etnias y cualquier combinación mutirracial posible. Instituciones de la más diversa índole, congresos y convenciones, servicios públicos, universidades, intereses políticos, 164 maneras de hacer bizcocho y la polución.
198 países políticos, 5 grandes religiones e infinidad de credos, 22 sectas apocalípticas, que cantan sus oraciones en alrededor de 200 códigos lingüisticos diferentes reconocidos de manera oficial.
Corrientes filosóficas como el idealismo, el existencialismo, la filosofía vitalista, el positivismo o el pragamtismo. Tendencias de pensamiento aplicadas a la política, al lenguaje, al comportamiento sexual, a las matemáticas y a las películas de Bruce Lee. Horóscopos, santería, rituales oscuros, suicidos en masa, contrabando, prostitución y partidas de mus.

Dos géneros principales debatiéndose en una ambigüedad sexual más o menos orientada, aficionada a ciertas perversiones no confesables a la hora del té, poniéndo su intelecto al servicio de una cerveza negra en un antro a las dos de la mañana y colando la mirada en el escote de cualquiera. Patrones de socialización, roles familiares, bandas callejeras, obligaciones, derechos, expectativas laborales varias, resfriados crónicos. Factores sociales, económicos, políticos, biológicos y culturales que dan la mano en los pasillos como viejos amigos de infancia. Condones y determinismo y cócteles a frutas tropicales.

Y,
a pesar de todo,
o sobre todo,
gente buscando a su media naranja,
y creyendo que durará siempre.

¿verdad que la vida es maravillosa?


Sed buenos y que yo no me entere,
M.


Murcia, ¡qué hermosa que eres!

MUSIC: anyone else but you-juno bso. *porque me acuerdo de ti
MOOD: más aburrida que indignada
MORE: estaré jugueteando con el aspecto del blog un tiempo. se aceptan sugerencias.




En plena adolescencia efervescente uno de los temas de discusión con mi padre era sobre mi pueblo. Sí, señores: mi pueblo. Aquí una servidora es de un pueblo de Murcia, Águilas.

La discusión en concreto versaba sobre el tópico paterno: "en mis tiempos esto era bonito de verdad, no como ahora, que se lo están cargando todo!". Ante esto mi reacción era incendiaria porque por aquellos entonces era una pequeña pigmea chauvinista emperrada en que mi rincón del mundo molaba, tenía que molar por el hecho elemental de que yo era de allí y, lo más importante, estaba condenada a estar allí, y si mi señor padre decía esa clase de chorradas era porque estaba amargado en la cuarentena y recordaba tiernamente su infancia en pantaloncitos cortos, cuando era el petit Alfonset.

Pues bien, si hubieran apostado dinero a que la pequeña Blossom llevaba razón habrían perdido. Evidentemente.
Los pocos habituales de este dominio ya se habrán percatado de que, sí, estoy pasando la Semana Santa en casa de mis padres. Llevo dos días y ya estoy a pique de hacerme el harakiri con la lima de uñas.

Para empezar porque el domingo estuve en la capital y no tuvimos bar en que meternos a curarnos las penas y buscarnos las cosquillas: actividad cero.
Luego, y más importante, el clima político aquí es apestoso y la zona cero debe de ser mi casa, porque mis padres se han pasado toda la campaña de mitin de Rajoy a mitin de Petit-Suisse (cierto: todavía no me he curado la impresión de ver al sr. Aznar con ese jersey rosa de lacoste). Mal, muy mal.
La cuestión es que en Murcia más de un 60% de los votantes han dado su apoyo al PP, consiguiendo 7 escaños en la comunidad.
A mí esto me parece una completa vergüenza y no estoy orgullosa de ser murciana.

Porque el murciano es ese ente extraño que no es ni andaluz ni valenciano, y al que se le adjudican todos los tópicos maliciosos del andaluz pero del que no queda constancia de ningún folklore digno de mención más que el uso del panocho, dialecto local, por Miguel Hernández en sus poemas de juventud. Vamos, un murciano es un andaluz sin gracia.


Luego está mi pueblo, que está en el culo de Murcia. Literalmente: es el último pueblo por la costa antes de llegar Almería. Así que estoy en el franja intermedia del terreno intermedio del levante al sur: en el puñetero filo de la navaja, señores.

Como en todo pueblo, aquí hay una gran densidad de ciclomotores, embarazos adolescentes y marujas en bata. Además de una impresionante red de corrupción en cuanto a especulación inmobiliaria, lo que le vale apodos tales como la marbellita o little baza, -véase la foto, portada de un número de greenpeace: eso sí que son chalets en primera línea, eh? porque si ya no existe dicha línea nuestro querido edil echa una firma y se la saca de la manga por arte de birlibirloque-.
¡Óle ahí!

Así que aquí estoy, sintiéndome como un afrancesado en una ciudad que está creciendo monstruosamente, plagada de nuevas instalaciones y enormes centros culturales, porque caballo grande ande o no ande, y a estas alturas de la partida mi mayor preocupación es que aquí se me riza el pelo por la humedad.

Felices vacaciones.




pd: a los murcianos ofendidos sólo les diré que, para colmo, el real murcia es una real mier...

M.




EL BESO DE LA INMACULADA


El caso es que no estaba enfadada. El coraje me vino después, supongo que porque la sensación de irrealidad debía ser atendida primero. ¿Cuándo fué? casi parece otra vida... pero echando cuentas me salen dos semanas. Me pierdo. Digamos que podría haber sido así:


<< La chica miraba rostros anónimos mientras subía calle arriba tirando del macuto. Había oscurecido ya. Casi le parecía imposible que ellos, la gente, no se dieran cuenta de lo qué ocurría, que no la pararan por la calle para darle una palmadita en la espalda o le dijeran: "Vaya par de zorras, haces muy bien, ¡huye!"
Porque, de hecho, eso es lo que estaba haciendo: huir de la boca del lobo (las lobas, al caso) y era más que evidente que su vida ya nunca sería la misma, que el trayecto a casa de Sabinita, repetido hasta desgastar acera durante los dos últimos meses, esta vez cobraba un sentido totalmente distinto: estaba cambiando su ombligo de sitio, eligiendo un nuevo lugar como "fin del mundo".

El frío en la cara, a golpes de aire jalonados por el paso apretado, traduciéndose en una bulliciosa actividad sináptica, en impulsos bioeléctricos, en un intento de organizar el mundo a la par de los últimos acontecimientos ...no servía de nada. No diÓ como resultado más que la carta que sabía que nunca escríbiría, las cosas que nunca le diría, que, puestos a novelar, sonaba en su cabeza más o menos así:



Queridísima Inmaculada,
mi dulce y pequeña Inma:

Tú, que llevas viviendo conmigo bajo el mismo techo más de un año, que me conoces desde que llegué a Granada. Que has reído y llorado conmigo, que me has contado que crees que tu ex es maricón. Que has aguantado estoicamente largas veladas de red bull y pitillos cada febrero, cada junio.
Tú que me presentaste a A. -gracias doy- y me dijiste que mandase al carajo a A. -éste es otro- tantas veces. Que me enganchaste a una novela, que me has llevado de compras, me has hecho puré de patatas y casi de madre sustituta en funciones.

Yo, de la otra parte del ring, que pasé un fin de semana entero en tu aldea -porque, creédme, eso era una aldea- ¡recogiendo aceituna!, que he hecho de amiga lesbiana/ candelabro/ violinista en tantas y tantas ocasiones, que pase una noche en vela haciéndote un trabajo de teoría del arte por el que creo recordar que tu profesor te felicitó. Que hice el retrato de tu madre, que te escuche cuando estabas mal y también cuando estabas bien, a pesar de que no eres especialmente inteligente.
Yo, que sí, he sido tu factor caos, pero creo que también la mejor amiga que has tenido, no llego a entender, ¡¿CÓMO SE PUEDE SER TAN HIJA DE PUTA?!
¿Me lo puedes explicar? Porque hay que ser muy hija de puta para aliarte con la muerta en vida de nuestra compañera de piso y llamar las dos a escondidas a nuestra casera para decirle que soy una "chica conflictiva". Porque creo, además, que hay que serlo más todavía como para haber salido conmigo un par de noches antes y no ser capaz de decirme nada, porque te estuviste haciendo la loca hasta que ya tenía el puñal en la espalda.
Sinceramente, si tu concepto de la amistad y la lealtad está en que la vajilla esté limpia y la música esté baja, ¡QUE TE DEN POR CULO!

Espero, con esto basta, que tengas la vida gris y aburrida que te mereces, que tanto te estás esmerando por conseguir.

I see you in hell, Pachebel!
.

Luego siguió a lo suyo.>>


Esa es básicamente la historia de cómo me fui de mi piso. En cuanto le di portazo a la casera me hice un macuto y huí. Evidentemente ahora estoy buscando piso, así que si por una casualidad remota y disparatada alguno de ustedes alquila un apartamento en Granada luminoso, céntrico y económico, recuerden: no soy tan mala como parezco.

PASTILLAS PARA NO SOÑAR"

[Tiene encanto esta rutina vieja de los últimos días, que parece que me hubiera acompañado siempre. Bajar las persianas para vivir en París, en un apartamento para dos, dedicarme a la trabajar en las entregas de diciembre, a leer, escribir versos mal cosidos, ver buen cine y escuchar mejor música.
Soy "Eva tomando el sol" y no deseo nada más que estas tardes previsibles de té con leche y miel y estufa.]

Y ponte gomina que no te despeine el vientecillo de la libertad. Funda un hogar en el que nunca reine más rey que la seguridad. Evita el humo de los puros, reduce la velocidad. Si lo que quieres es vivir cien años vacúnate contra el azar. Deja pasar la tentación dile a esa chica que no llame más y si protesta el corazón en la farmacia puedes preguntar:
¿Tiene pastillas para no soñar?
SABINA

Soy una persona que sí cree en las casualidades.
Simplemente.
No todo pasa por alguna razón.
No vivimos en un cosmos prefabricado de ordenas binarias que dirigen nuestro destino.
No hay nadie al mando de la nave.

Y lo que pasa, cuando es extraordinario, no se debe al particular sentido de humor de un demiurgo animoso. Simplemente, suena la flauta, la tragaperras empieza a vomitar calderilla en las Vegas, se alinean los planetas, y resulta que tú estás encima de la X coordenada y encuentras un tesoro.
Esas cosas pasan, no es que es haya muchas probabilidades, pero pasan. Entonces el viento se infla, las hojas doradas en danza morisca juegan alrededor de tus pies como un minimo grande, y él te besa en el portal, o tu boleto de la quiniela te guiña un ojo, o encuentras ESE vinilo en un mercadillo oxidado, o un desconocido te sonríe por la calle porque sí, o volveís borrachos cantando viejos boleros a casa. Y los presagios de dragones ya son leyenda*.

Y es algo especial, y tú eres plenamente consciente de LA MAGIA. Y que no sé pare el mundo, y que tengas que seguir adelante parece algo casi grosero.
Lo mejor de todo es ser consciente de que las casualidades sí que existen, que la nube de la que te acabas de apear sólo está en tu cabeza, que eres tú el que pone el sentido del romanticismo, y también el del humor (en su esencia, como las cosas buenas, se acaban pareciendo bastante)... en fin, el polvo de estrellas.
Tú eres el poeta que hace sonetos con la vida, y en última instancia todo depende del cristal con que se mira.

Sí. Soy una persona que sí que cree en las casualidades.
Pero también soy una persona que cree en LA MIRADA DEL POETA. Que se dedica a descubrir el detalle que me ponga la sonrisa en la cara, aunque a veces sólo yo me dé cuenta. Que, cuando estoy triste, me regodeo en la herida, y cuando estoy exaltada salgo a cantar y beberme hasta la luna, y cuando estoy feliz es una sensación caliente en el pecho que se derrama en forma de días apacibles que se suceden como las páginas de un libro viejo que desprende un sutil aroma.

Que yo soy poeta, fumo por estética y soy melancólica por vocación. Exprimo cada sentimiendo con premeditación y alevosía, soy sommelier entregada a los matices que guarda cada esquinita de piedra desgastada de Granada.
Este es mi credo. Soy conciente de levantarme un burbuja ilusoria con delgadas paredes de momentos casuales. Y cuando se pincha, pues sufro, y con este sufrimiento empiezo otra.

Porque, al fin y a la postre, también soy una persona práctica.
Pero nunca entendí a los que toman pastillas para no soñar.



yo gaviota.

Una imagen mental: es un día precioso, muy triste. Las nubes son amarillas, grises, cargadas de polvo: esta noche habrá tormenta, y ya van varios días. Pero ahora todo está quieto, parece un periodo de entreguerras.
La luz es extraña, como en un fotograma de Jeunet (más en Largo Domingo..., o Delicatessen que en Amelie).
Siento que el (un) punto de inflexión de mi vida es hoy. Por varias razones, que aún no me siento preparada para contar, ni siquiera a extraños. Viene una mala racha, y los golpes duelen más cuando los esperas. Pero no estoy triste, ni contenta: sólo curiosa, mirando. Más bien melancólica.


Dalí esta preocupado por mí y me acompaña a todas partes, despabilado de su tonta pereza. Y yo me despido de los rincones de mi casa, que van arrojando largas sombras de crepúsculo, que exploro como una niña pequeña, esperando descubrir una pista en cualquier detalle que me arranque una sonrisa. Y pienso muchas cosas, y casi ninguna merece la pena. Pero me da lo mismo.

El día de hoy me entiende. Todo esta calmo, reposado, pero nada está quieto. La vida sigue su curso, pero lejísimos de mí. He pasado al menos media hora espiando a las gaviotas. El viento es ligero, y ellas descansan sobre él, flotando siempre en el mismo sitio. Me fascinan las gaviotas. Me encanta como suena, nunca antes lo había pensado: ga-vio-ta...
Me reencarnaría en gaviota, si no fuera por lo del pescado crudo...
ahora, ¿si los japos lo hacen, por qué no yo?





Besos.