sinestesias


La primera sensación de cigarro en mis labios, justo antes de prender, es como cuando estás a punto de follarme y te entretienes en mis caderas. Pero no, evidentemente no es lo mismo.

Y esto de ir ahora sola por ahí, el control de mis pasos, a ciertas escalas, me da el aire nostálgico del tedio. Es verdad que ciertos estudios estadísticos hablan sobre lo que puede pasar: aún así, el miedo de los últimos tiempos es más reposado, más sosegado que antes. Un miedo sordo, estoico y hasta paciente. Y eso que me va todo en esta mano (como valor constante).
No sé si será porque, como mi padre (ese genio anodino) dice, van veinte vueltas alrededor del sol, y ya hay algún ciclo cerrado. Y aunque todo es diferente, es inevitable esa familiaridad de parar en las mismas estaciones, saber el destino . Humo negro, combustión (hasta que no quede oxígeno) ¿Y luego? ya lo dijeron los hermanos Marx: ¡más madera!
Por otra parte, no soy la misma (esto también es un valor constante). Mi relación con la soledad es extraña (alguien diría sui géneri). Me redogeo en el encanto ficticio que dan las horas de soledad en mi buhardilla, el frío a veces, el ruido de los coches en la calle, colándose por la ventana; un devenir cotidiano.
Pero es mentira, ya no me tanto gusta estar sola. Físicamente sola.

Y puedo sentirme sobre un punto, en un punto, un punto, que inflexiona, se tensa ahora mismo mientras escribo, y de un tiempo a esta parte. La moneda está en el aire: la moneda soy yo, y yo soy quien la tira. Pero, aunque intuyo ciertas cosas, no conzco el resultado. Todo está en movimiento ahora.
Me encontré con ciertas cosas del pasado: miré, medí, comparé y supe que es mejor ahora. Todo se parece más a mí. Todo eres tú.




2 comentarios:

  1. :`) :-*

    Mi vida va en círculos, y en mis versos prefiguro a veces lo que habrá de ocurrir; escribí un poema hace años que sólo ahora se ha cumplido plenamente:

    (Armisticio)

    Yo creía saber qué es el Invierno:
    un traje de escarcha,
    un sombrero de espinas,
    la humedad que me trepa la garganta,
    las tardes vacías,
    el peso del amor bajo la manta.
    Y el Sol me miró con ojos de juez
    hasta quemar mis alas
    y ni el mar detuvo mi caída.
    Quise arder y brillar; sólo logré consumirme
    y caí tan profundo en la tierra
    que ahora sé qué es el Invierno:
    pensar que le sobran horas al día,
    buscar la redención en el naufragio
    de las botellas
    y en cada verso, palabras como cuerpos
    y en la guitarra un cuerpo de madera.
    El invierno es tenerle miedo al sueño
    y pedirle a un beso
    que sea diez razones
    por las que salir de la cama,
    cuando la única esperanza
    es la que trae el frío.
    El invierno es un cadáver que camina
    sin darse cuenta aún de que está muerto
    y sangre en el pulmón; el alma en ruinas
    y la espalda de hollín y cicatrices
    y los ojos tan cansados
    que no ven más allá del próximo minuto,
    igual que el anterior.

    Pero hay huidas que son una victoria a tiempo,
    y en Madrid se cruzaron los caminos
    y acabaron los meses de domingos.
    Allí volví a aprender lo que he olvidado:
    a incendiar las naves encalladas,
    a cantarle una rumba a la tristeza,
    a bogar río arriba a contratiempo;
    a bailar con las piernas desatadas,
    a subir a las nubes la cabeza,
    a cantar a favor siempre del viento.
    Firmé con el ayer un armisticio
    con tinta de alcohol
    y una barra por mesa y la noche de testigo.
    Sin freno ni silla ni vergüenza
    yo monté a la Primavera
    desbocada de verde y melodías,
    y aprendí a disparar contra el Invierno.
    Hay risas como faros en el puerto
    capaces de llenar el vacío más oscuro
    si no de amor, al menos de luz.
    Volví a perder el miedo al minotauro
    que acecha en los rincones del deseo.
    Descubrí que aún puedo enamorarme
    del reflejo del neón en la pupila
    de una niña de sol y primaveras;
    recordé la importancia de quemarme
    en la hoguera de vino y de mentiras
    donde brotan los versos de madera,
    y encontré en la sonrisa de María
    una tarde de Abril que al fin es mía.

    (escrito en La Tertulia, Granada)

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  2. Adoro la ilustración... :) Sobre todo lo demás, bueno, yo soy más incedente... :)

    Un saludo
    Doctor,
    crítico indecente de blogs...

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"una palabra tuya bastará para sanarme"