Menos rosas, Mahmud Darwish
No me gusta que me cojan por el codo. Le he tenido que decir a mi madre que me suelte, que me está haciendo daño, pero ella no lo ha entendido y se ha enfadado más. Dice qué no sabe que me pasa.
Yo no puedo decirle "mamá, tienes los ojos de madera", y de todos modos es muy tarde: es un perro rabioso, me ha dicho muchas cosas hasta que he dejado de entenderla. Yo no la quiero cuando tiene la rabia. Ni porque sea mi madre, ni porque "la familia es lo único que queda cuando todo sale mal". Sólo cuando no me odia de todo lo de menos que me echa.
Me ha tapado la nariz y hecho tragar toda su bilis para que me estallara dentro. Al final me ha dicho que no pasa nada, que hay padres a los que se les mueren sus hijos y se acostumbran. Y ya no he podido terminar lo que estaba haciendo, me he quedado rompiendo lápices de colores.
Ella se ha ido a dormir,
yo, ahora, además de la pena tengo la rabia.

Son cosas que pasan y mucho con los padres. No siempre nos comprenden.
ResponderEliminarSaludos
Nena, lo que ha pasado en tu casa ya me lo ha contado JF y MH. Es algo que no entenderé de los padres; ese comportamiento no se puede justificar. Espero verte antes de que te vayas a Málaga.
ResponderEliminarMuchos besitos
sana, sana, culo de rana. estás en estado de gracia, convertir una trifulca familiar en un relato donde se destrozan lápices de colores, merece una atención. habrá que tenerlo en cuenca. porque cuenca es un lugar donde los padres respetan las decisiones de sus hijos una vez salidos de la placenta, que queda a unos 12 kilómetros de valladolid.
ResponderEliminar- joselop, ¿y no hay medicación para eso?
ResponderEliminar- lau, claro. nos vemos y te lloro en el hombro, que me estoy quedando sin lápices.
- querido proxeneta, ¿tendré que irme a cuenca entonces para que mis padres dejen de parecer inspectores de hacienda? te echo tanto de menos!
Beat it, just beat it.
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