Mañana será otro día.
El cenicero encima del cuenco de leche, encima de la biblia recién adquirida -Macromedia Flash MX. Ed. Especial-. La pantalla irradiando la retina. Karate Kid distrayendo la atención justa al rabillo del ojo -los bastones de nuevo en acción-.
Los dígitos del taxímetro acumulando deudas bajo mi atenta mirada. La noche despejada, la estación dormida.
Tráfico en los lavabos. El hedor de nuevo, amalgamado de amoníaco y orín. Humedad travestida de higiene.
Las putas puestas a la entrada de la ciudad, algunas son bonitas: me fascinan. Curvas puestas de relieve a la luz del neón.
Bastones despertando a la caída de la noche, retrasmitiendo en blanco y negro. Yo elegí la indiferencia, pero mi mirada empaña los cristales del bus, traduce objetos en imágenes.
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Ahora todo el mundo duerme, desmembrado en su asiento. La radio induce al hipnotismo, las sombras los han convertido a todos en cadáveres. La rendija abierta de la ventanilla del conductor oxigena los efluvios de la putrefacción, la vida también huele mal.
Ya casi es noche cerrada. Viajo al lado de una señora estirada en la parte delantera. El tipo del 46 me ha largado del asiento, hace 20 minutos estaba tan tranquila en la cola del bus. Primero se ha sentado un chino a mi lado que se movía como si una lengua estuviera hurgando en su ojete a través del asiento, luego a llegado otro con pinta de mafioso islámico blandiendo su billete como si fuera el legítimo heredero al trono. Su yihad particular al grito de 46, 46. Incontestable. Estoy mejor aquí.
¿Nadie en este jodido bus habla mi idioma? Me siento en un lost in traslation de cuarta y subiendo. Voy en el bus 2, pero el 1 va casi vacío: poblado de algunas universitarias como pelos en la cabeza de un calvo salido y cuarentón. Alguien no hizo bien su trabajo; con todo he tenido suerte, he conseguido un par de asientos para mí al final del todo. Me gusta viajar sola: 9, 76 por una hora y media de reflexión.
Meto la vuelta en el monedero y miro el billete. Málaga-Granada, 21.30; queda media hora aún. Enciendo un pitillo y vuelvo con Miller: "la vida se convierte en espectáculo y, si resulta que eres un artista, consignas el espectáculo a medida que se produce".
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y entonces, cómo son esos objetos -cómo esas imágenes?
ResponderEliminarPuesto en versos lo podría cantar Marianne Faithfull... Y siempre acabamos volviendo a Miller... "Y cuando hallamos recorrido todas las calles..."
ResponderEliminarj, el problema es que no puedo saber cómo son los objetos. estoy infectada de subjetividad.
ResponderEliminarjorge, ¡me reí mucho con tu último mail!
buena observación, has hecho honor a las palabras de miller.
ResponderEliminarsaludos