SÉ MUCHAS COSAS

Lo sé, últimamente he estado poco festiva -eufemismo-. Para rebajar un poco el tono dramático os cuelgo unas ilustraciones infantiles en las que he estado trabajando estos días para clase. ¿Paradójico, verdad?
Creo que empiezo a cogerles el pulso justo ahora, pero no estaría demás vuestra inestimable opinión. A veces oigo eco en este amasijo de html y me pregunto si estaréis por ahí aún.




Por lo demás, hoy he desmontado la exposición de Pupa Tattoo -gracias José por todo, y a todos los que os habéis dejado caer por allí-. Parece ser que la cosa no ha ido del todo mal, se ha pasado mucha gente y he vendido varias obras. Así que la semana que viene mi dieta dejará de ser monotema -empiezo a destestar el arroz blanco-. Mis padres han estado por aquí echándome una mano y he aprovechado para darles una alegría y quitarme el pendiente del labio, me veía ya un poco rara con el pelo corto y la cara cosida a metal.
Para los que sigáis interesadas en las Trovas, el poemario de Antonio Santo que ilustré, toque de queda: tenemos ya muy pocos ejemplares.


Mañana a Málaga a pasar respirar salitre y pasar unos días en horizontal.
Besos.


¿Y QUÉ COÑO HAGO AHORA

[+ Lágrimas de plástico azul, Sabina]


con esta certeza de anacronismo? Dónde puedo esconder las sinestesias para que no me miren con reproche. Ellas y yo sabemos que hay algo que no encaja.
¿Qué digo a mi madre cuando llama por teléfono? "Como siempre", por suerte,
la desidia no sabe de fibra óptica.

Y si todo está bien por qué duele así por dentro.

Te compras un disco vas a por el pan llega un mail con buenas noticias y nada cambia. Te fumas un pitillo otro café otro proyecto, y buscas un libro que te cambie la vida pero quizás tampoco sea éste y nada cambia. Pones la tele sin sonido lavas los platos de vez en cuando no haces la cama nunca. Y esto es un claro síntoma.

Quedas con la objetividad y te presta su mirilla y te dices "no está mal":
tal vez sea una cuestión de mirada. Lo enfocas por si acaso desde el prisma
del surrealismo
del erotismo
del humor negro
y de algunos otros "-ismos" que se te ocurren
-"mamá quiero sea una poetisa de la experiencia"-
y no funciona porque ya no te lo crees. Y tal vez sea un mal momento, te dices, para entrar en una crisis personal cobijada en una mundial.

Por eso sigues fumando pitillos duchándote cogiendo el bus yendo a clase durmiendo en una gran cama deshecha esperando en fin que algo -no sabes bien qué- pase

como un zombie adicto a las ciclotimias, intentando aparentar control. Haces acopio de las cosas que salieron bien -o no del todo mal- y te dices,

cada vez más deshumanizada,

son etapas: nada cambia.


BILIS

+ wrong, depeche mode.

Soy la garganta rebañada,
soy la rabia edificando hernias en tu cuerpo,
soy un bicho que no entiende los cristales,
soy el algoritmo de las balas perdidas.
Soy intermitente-
mente protagonista
y figurante
en la Conjura de los necios.



RENACIMIENTO II




Hay nuevas vidas que se ordenan dentro de la principal, botones de reinicio venden nuevas oportunidades a saldo. En cada ducha caliente, en cada paquete de tabaco que compras, en cada orgasmo. También te puedes cortar el pelo. Piensas que esta vez saldrá bien.


RENACIMIENTO

Estábamos en el coro de la capilla: desde allí nadie podía vernos en la nave. Nuestro campo visual daba de pleno a la mesa presidencial, y si los poetas levantaban la vista de sus lecturas o del palco de asistentes, indistintamente, podían vernos encumbrados justo frente a ellos.
ÇMe imagino nuestra vista a través de la cuarta pared, igual que efigies en un escenario. La que ven los poetas, la que veo yo si me proyecto astralmente y me sitúo enfrente de mi cuerpo: parecemos una estampa renacentista. Neoclásica: un cuadro de Jacques Louis David. Hieráticos y simétricos, expectantes: somos los neo-neoclásicos.El Santo y yo estamos en el centro, me pone la mano en el hombro; yo apoyo la cabeza en el suyo. Sentados delante nuestra, cada uno a distancias equivalentes de nosotros G. e I.O., pendientes de las lecturas de Cosmopoética que se desarrollan abajo. Más a los lados, guardando aún la simetría, T. e I.
I. se apoya en la columna.
Tiene el pelo como Valentina, los labios rojos, los ojos cerrados. Escucha los poemas con la reverberación privilegiada que conlleva espiar desde el coro. Cuadrada y serena como una pieza de constructivismo alemán.
Al fondo, F. y J., igualmente equidistantes de nosotros, completan el cuadro.

Son todos grandes artistas: son aristocracia.
Guardamos un silencio sacro mientras escuchamos los versos de crudos de Carrera:


Ella dice que es obscena
la manera de referirme a mis amigos;
que soy, en resumidas cuentas de collar,
una máscara ya obscena y amenamente indeseable.
Una máscara del teatro de la infelicidad.


Pero yo ya no escucho. Y no sé si soy la única que se da cuenta de que es un momento formalmente perfecto, un paréntesis salvaguardándonos del caos. Allí, auspiciados bajo la pequeña arcada del coro, mirando la mesa presidencial, guardando una simetría perfecta en nuestras posiciones como la de un ajededrez, o un cuadro renacentista, mientras recita Arturo Carrera y yo pienso que esto debe ser parecido a la felicidad o a la perfección.