(...) Es un estado de somnolencia que dura unos minutos. Es la transición entre la vigilia y el sueño. Se pueden dar alucinaciones tanto en la entrada como en la salida de esta fase. (5% del tiempo total del sueño).
Mis neuronas miran el fin de semana y les entra vértigo. Yo intento consolarlas como puedo, pobrecitas, pero es que llevo casí 36 horas sin dormir y estoy parca en palabras.
Escucho una y otra vez la canción de Pipilotti, ha sido un descubrimiento. La tarareo bajito por una parte del cerebro, con otra sigo pintando y me queda un trocito todavía para pensar en ti.
Tengo una pierna que tomó la baja laboral esta mañana y lleva todo el día dormida. Parezco el ayudante del jovencito Frankenstein -¡Fronkonsteen!-. Las ojeras me cuelgan hasta las rodillas como pesados cortinajes de un teatro venido a menos. Así estoy yo sin ti.
Tanta agitación con la expo me ha aflojado las conexiones sinápticas: una musa llega y me susurra al oído que ha visto conversar a la Maga por boca de la Dama como si fuera un ventrílocuo, y que el Vagabundo le respondía a su vez con palabras de Cortázar. Pienso entonces que sería muy tierno coger cortes de dibujos infantiles y doblarlos con fragmentos de novelas contemporáneas. Fragmentos muy transcendentes, adaptados a guión:
"- Yo creo que te comprendo. Vos buscas algo que no sabés lo que es. Yo también y tampoco sé lo que es. Pero son dos cosas diferentes. Eso que hablaban la otra noche... Sí, vos sos más bien un Mondrian y yo un Vieira da Silva.
- Ah, así que yo soy un Mondrian.
- Sí, Horacio.
- Querés decir un espíritu lleno de rigor.
- Yo digo un Mondrian.
- ¿Y no se te ha ocurrido pensar que detrás de ese Mondrián puede empezar una realidad Vieira da Silva?
- Oh, sí. Pero vos hasta ahora no te has salido de la realidad Mondrian. Tenés miedo, querés estar seguro. No sé de qué... Sos como un médico, no como un poeta."
A mí me gustaría mucho ser un Vieira da Silva. Pero me gustaría aún más dinamitar el tiempo para que fuera la hora bruja y llegaras de una vez. Para que me acurruques: poder recibirte como te mereces, ponernos en huelga de cremalleras. Cuando busque tu mano mi cadera somnolienta te voy a susurrar: "me reservo en una bolsa de la compra toda mi ternura de la semana para ti". Y luego por fin me dormiré.
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"una palabra tuya bastará para sanarme"