À LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.
MARCEL PROUST



De niña mis padres me llevaban a un cine que se caía a pedazos. Pueden ustedes imaginarse, una de romanos: taquillas de madera, lámpara de cristal, raídas cortinas rojas y cucarachas en el baño. Cine de verano también, por supuesto; la película proyectada en la blancura irregular del bloque de enfrente.
Veintiún años no son muchos, menos mal, pero ofrecen la perspectiva suficiente para asomar la cabeza sobre ciertos asuntos: asistir al canto de cisne de la polaroid, a la revolución de la web 2.0 o ver como los clics de playmobil se acaban convirtiéndo en un objeto de culto -del mismo modo que los vinilos pan de cada día de nuestros padres son ahora otro fetiche melomaníaco-.

No sé hasta que punto es un eco de mis días infantiles o es cierto que nuestro concepto del tiempo es otro también. Los tiempos agitados de ahora nos sacuden pidiéndonos fichar siempre a la hora y no descansar siquiera en balde. Y yo hecho de menos aquel cine, sobre todo por todo lo que encarnaba. Esa veneración del celuloide que lo convertía casi en un espacio sacro, la reverencia decaída de su gran sala cubierta de polvo. Yo sentía mucho respeto por ese animal moribundo, ya entendía que era una forma de no ceder.

Quizás sea el cine la parcela de ocio más pura, ese acceso a una realidad alternativa que se funde con la nuestra hasta sentir que se nos paraba el tiempo. Ahora ya no hacemos ritual de eso, nos hacinamos en una zona industrial, donde unos centros comerciales cojonudos especulan con la oferta y la demanda en sus salas de cine numeradas. Pero es que ahora ya no hacemos ritual de casi nada.

Los tiempos cambian. Ese cine cerró, como muchos otros, convirtiéndose en templos de un culto que ya no practica nadie. Pararos a pensar, id a las viejas salas, mantenedlas vivas, tened respeto por vuestro tiempo, pasead las esquinas diarias, tenderos al sol de la calle. Asistid al espectáculo de las cosas, de las que pasan y se transforman para que las veamos con otros ojos, de las que a veces no vuelven nunca.






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"una palabra tuya bastará para sanarme"