El violinista se ha mudado a mi barrio: justo a la vuelta de la esquina, junto a la óptica. Lleva toda la semana despertándome siempre con la misma sonata, que sólo se me ocurre que haya podido copiar de una peli de Fellini o de una reunión familiar de la camorra napolitana.
Cada día lo ves apostado en el mismo sitio, aporreando el violín gastado, tan estropeado como el dueño. Si te concentras los puedes fundir a ambos en un mismo elemento que chilla como un gato apaleado.
El violinista no sabe que todos los días se cuela por mi ventana, se funde con la luz cálida que se filtra a través de la cortina y me golpea con ese puñetero violín hasta sacarme de la cama. Y yo me levanto resignada, sabiendo que llevaré todo el día la cancioncilla grabada en el seso.
Dentro de unos años o unos meses, cuando ya no viva en Granada, puede que recuerde al violinista viejo, con su trasto y su pelea de gatos. Entonces también recordaré mi dormitorio, con la luz cálida, la cortina hortera y la enorme cama. Mi té de la mañana, mi tocadiscos y mis pinturas. Mi café de media tarde, mi videoclub favorito y mis fotos recién reveladas. Mi vino de la noche, mi colección de Corto Maltés y mis horas de vigilia. Y la gente que ha pisado este apartamento maravilloso y todo lo que me ha pasado aquí.
Entonces, me gustará recordar la sonata del violinista viejo.
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maria te ta recordando el violinista a nuestra amalita!!!!jajaja, te trae la música de napoli!!xdd (soy pedro)
ResponderEliminarjajaja
ResponderEliminardi que sí: el violinista un capullo y tú un romántico :p
Si, y quién no tiene un violinista en su vida, violinista, vecina con sus tacones, gatos en celo que cantan bajo tu ventana... Vayas a donde vayas siempre tendrás un violinista con su propia cancioncita....
ResponderEliminarMe a encantado el estilo de este blog!
ResponderEliminarMe seguire pasando si esqe me dejas :)
por supuesto, siempre que no te dejes más las haches en casa.
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