JET LAG


Hace media hora fue mi cumpleaños. Ayer.

21 de alguna manera extraña pesan más que los 20, aunque es todavía muy pronto para empezar a quitarte años, confundir fechas, perder tu partida de nacimiento... Crear esa especia de nebulosa de misterio en torno a una que ya sólo existe en figuras míticas de los años 20, algunas subespecies de femmes fatale y personajes de cómic.

La dura realidad es que la única nebulosa que tengo presente hoy es la que me produce el frenadol y el jetlag: siete horas de diferencia horaria con el Perú son muchas, así que me paso el día tirada en la cama leyendo hasta que me duermo, durmiendo hasta que puedo seguir leyendo. Los cumpleaños están sobrevaloradísimos.

Entretemps. Septiembre. Echar de menos. Lo tópico.
Lo tópico del viaje a Perú es comentar qué estupenda ha sido la compañía, pero es que es terriblemente cierto. Cualquier escenario hubiera sido el mejor estando allí los que estuvimos en Perú. Gracias, chicos. Por el camino y la compañía.

Tópicos sin mística: no more drama.
Evidentemente no me siento más sabia ni el viaje ha cambiado mi vida. No he alcanzado el nirvana ni soy una con el tao. Creo que ni siquiera he terminado de dar el estirón. Pero saber que estás en el camino es una gran experiencia. La sensación de movimiento merece la pena, respirar aires nuevos merece la pena. Son el tipo de cosas que te hacen sentir viva, feliz, casi como en un anuncio de compresas -no tanto-.


El tipo de cosas que hacen que aprendas paciente a esperar tu turno, sin confundir el movimiento de otros trenes con el tuyo propio, mientras esperas en la estación del jetlag.

mood: positiva :)
photo: de lara, aventurera y amiga
music:
cherry blossom girl, de air


JULIACA, TIERRA DE NADIE

En Cusco.
mood: exhausta
music: cerrado por derribo


Juliaca es un paraje desolado. Un trámite de carretera en el camino a Cuzco.
La cuestión de su localización se disuelve inmediatamente ante la sorpresa de que pueda erigirse así, como el matorral que se empeña en crecer en tierra yerma.

Empieza a salpicarte la vista con construcciones descarnadas de ladrilllo visto, que al poco van aunando fuerzas con eslóganes comerciales que pretenden insuflar la chispa de vida al páramo al grito de “siempre coca-cola”, “el placer de viajar en bus” o “se vende kerosene”. La ventanilla del bus te permite asistir pasivamente al espectáculo de otra batalla perdida. Todo parece temporal e inestable, como una pieza de segunda mano colocada provisionalmente en el taller cuando ya se ve arruinada y corrupta. Es una imagen eterna de la precariedad, que se desprende del olor a polvo y alquitrán de las vías abiertas, en contrucción y sangrantes. Puede que sus obreros anden en busca de unas raíces inexistentes, que no encuentran más comunión que la de los postes que se clavan en la tierra, tejiendo el enmarañado cableado local que cuartea la vista del cielo.

Hay algo mal planteado desde su concepción y cimientos, como un bebé que nace ya con problemas del corazón, y puedes sentir cómo late en cada respiración honda y cansada.

La salida a este paisaje sólo la prometen las vías férreas, que transcurren paralelas a la huida y el recelo. Con todo, entre tanta desolación subsiste una promesa en la cara de su gente, que festonea el lugar de vida, como farolillos de colores. No existe el ocio en sus calles, cualquiera de ellas es el centro vivo y hormigueante de un comercio que pulsa y se tambalea a cada momento. El trajín de los carros, los puestos ambulantes, el pintoresquismo indígena abocados a la calle son curas contra la existencia gris que propone el techo de la vivienda propia, y contra la insignificancia. La vida está en la cara surcada de las viejas y en los niños que vuelven del colegio, en los perros famélicos que pululan por las vías al sol ardiente.

Un pase de primera para contemplar la enésima lucha por la prosperidad, resignada e inevitable. La constante sorpresa de encontrar un resquicio de esperanza en tierra de nadie.

tahina-can.org




EL CHOCOLATE ESPESO


"En nuestra vida real
siempre fuimos decadentes,
tuvimos la libertad
atrapada entre los dientes"

[calamaro]



He estado tirando de archivo histórico estos días, de tanto mirar esas nubes que traen cosas nuevas.
Cada año las espero, voy sacando el cuerpo a la ventana; y me caigo otra vez, contagiada de ese virus de insatisfacción que traen los tiempos que esperas. Esa afección que no es otra cosa que un disfraz de la nostalgia, de la cara de tonta que se me queda al rascar la pátina que da el tiempo al recuerdo. La culpa será de la humedad: es entonces cuando me caigo.

En las nubes.
Así es que llevo unos días flotando en el formol de ciertas memorias sutiles, de estampas surrealistas de vigilia.
Me vino una de esas imágenes que te llegan por osmosis, qué-se-yo,de los bichos del polvo o algo así: me parecería un gesto de amor precioso que alguien me desenredara el pelo. Ojalá yo pudiera.
Yo sé que sería un buen hombre, me falta masculinidad para ser un genio: pero qué bonita la ternura que hay en comprar flores y condones.

En el aire.
13 horas hasta Perú. Como un trámite, facturarme el corazón a ver si me lo perdieran: no quiero que te vayas.
Cómo reconstruir ahora esas ficciones nuestras tan reales, ahora que el tendero sabe nuestros nombres y que estoy segura de que algunas mañanas han hablado de nosotros. Mientras nos abrigábamos el calor de la estufa, al calor de la alfombra, de follar y beber vino. De ponerse de acuerdo en las cosas importantes, como no comprar nunca jabón de las manos y lavárselas con gel de ducha. Gastarlo luego todo en libros de segunda mano y vinilos, porque son clásicos, che. Todo tú, con tu charme. Siempre divagando, exaltados hasta por el pulso propio. Siempre a la deriva.


Las mismas nubes, el mismo polvo en el aire: sólo mirar, fumarse un cigarro. Mirar también el humo; por aquello de novelarse un poquito la vida.
Una niña tendrá mis ojos y llamará mamá a otra persona: yo lo hago sólo por el dinero. Voy a buscarme un trabajo -"hazte camarera"-. Voy a exponer. Voy a acabar la carrera y esas cosas. Me iré de Granada huyendo de las memorias sutiles, buscando otras nuevas que extrañar luego -incurable-. La guindilla en el chocolate espeso.




Vuelvo de Perú el día 26. Cumpliré 21, pero no creo que tenga las cosas mucho más claras.

COCA-COLA SIN GAS II

- ¡Vente! He quedado con una amiga para ir a ver el mar.
Haremos que sea algo importante: nos sentaremos allí en el malecón a contemplarlo como si fuera la vez primera. Por supuesto comentaremos la magia del momento y que si mira una gaviota, y qué bonito como se pone el sol, en el sitio de siempre, desde el sitio de siempre.
Lo haremos como te lo comento ahora y así lo recordaremos luego, muchas veces. Sí, hasta desgastarlo, como cada verano desgastamos con los pies descalzos ese mismo suelo, tantas veces.
Lo recordaremos hasta que ya no tenga sentido, si es que alguna vez lo tuvo.
¡Vente! Porque necesitamos saber:


Iremos a comprobar si seguimos siendo los mismos.





COCA-COLA SIN GAS

Acabo de volver de una sucursal que tengo en el paraíso de tu presencia. Donde, en un antro donde estaba bebiendo, bailando y fumando, leímos cosas bonitas en la pared -algunas feas también-:

"La historia más corta del mundo:

- Una vez un chico le pidió a una chica que se casara con ella.
- La chica le dijo que no.
- El chico se paso el resto de su vida saliendo con los amigos, yendo a ver el fútbol y bebiendo cervezas".

Por lo demás los días se repiten tanto y pasa tan poco dentro de ellos, que podría llegar a pensar que este verano no ha sucedido. Un montón de tardes anudadas, ellas y yo, sin que pase nada y sin que yo lo intente. En mi mundo de no-libertad burocrático y familiar. Al menos tengo el buen testimonio de Laura, que me vio en la piscina.


music: "Des.pi.de", Maga
mood: como Penélope