[mood: tranqui]
[music: es algo así]
[more: juno mola y los crepes de dulce de leche también.]
Se oyen los pájaros y las campanadas de la iglesia, por la mañana, cuando el día es claro y está cargado de oportunidades. También a media tarde. Y no importa si el sol se ha escabullido de la ciudad estos últimos días, porque esas campanadas me están haciendo promesas y me dicen, con mucho tacto, eso sí, que ahora todo es diferente.
Eso, sin duda, es lo mejor de mi casa, de calle duquesa. Contando con que se pueda llamar casa a la comunión de un baño decente, una cocina microscópica y una estancia medio abuhardillada en una tercera planta sin ascensor -imagínense que mudanza, insertada además en plena época de exámenes-.
No es que me queje: es lo que he elegido y tiene su encanto. El edificio es un antiguo palacete andaluz, incluido el albo patio, portalón, desconchados en las paredes y trompe l'oeil en escalera, amén de un jardín precioso al fondo que está pidiendo a gritos días largos y claros.
Así que aquí estoy, rodeada de maletas a medio deshacer y apenas recuperándome de esta última semana calamitosa y desordenada. Como flotando en éter y sin saber muy bien que viene ahora. Tengo vértigo, buenos presentimientos y siento que esta encrucijada tiene muchos caminos por estrenar. Me estoy empezando a acostumbrar al desorden y a no saber que va a pasar mañana: la vida está relamiéndose en sus deseos de sorprenderme. Aunque me asusta, sé que es así como quiero que sea, como tiene que ser.
Por lo demás, planeo un viaje a Londres para marzo, y por tanto me estoy planteando seriamente donar mis óvulos en un gesto totalmete desinteresado y caritativo que ya de paso me financiaría el viaje. Y hay un chico que vive por aquí y me pide que le invite al cine cada vez que me lo encuentro. También tengo en el bolsillo del pantalón el número de un desconocido que busca chica cantante para su grupo y al que puede que llame en un arrebato; he remarcado en mi agenda el día 22 de marzo, que voy a verla a ella, y sino me sale bien esperaré a que venga del brazo de la otra artista a Granada: las dos niñas más bonitas y con más talento de toda Murcia -mira que tengo suerte-. Y aún resta esa beca que me quita el sueño a ratos. Más el sueño de fugarme a Cuba -y secuestrarte a ti y llevarte conmigo- .Y varios proyectos artísticos, junto a unos cuantos puñados de ideas que van prosperando en estado intermitente, esperando que formalice mi relación con ellas.
Y la incertidumbre delirante y deliciosa de todo lo que está por venir. De que todo está por venir.
Sólo espero que este viaje sin frenos ni escalas no me robe la memoria ni me acabe convirtiendo en una caricatura de mí misma.
Cruzaremos los dedos.
Eso, sin duda, es lo mejor de mi casa, de calle duquesa. Contando con que se pueda llamar casa a la comunión de un baño decente, una cocina microscópica y una estancia medio abuhardillada en una tercera planta sin ascensor -imagínense que mudanza, insertada además en plena época de exámenes-.
No es que me queje: es lo que he elegido y tiene su encanto. El edificio es un antiguo palacete andaluz, incluido el albo patio, portalón, desconchados en las paredes y trompe l'oeil en escalera, amén de un jardín precioso al fondo que está pidiendo a gritos días largos y claros.
Así que aquí estoy, rodeada de maletas a medio deshacer y apenas recuperándome de esta última semana calamitosa y desordenada. Como flotando en éter y sin saber muy bien que viene ahora. Tengo vértigo, buenos presentimientos y siento que esta encrucijada tiene muchos caminos por estrenar. Me estoy empezando a acostumbrar al desorden y a no saber que va a pasar mañana: la vida está relamiéndose en sus deseos de sorprenderme. Aunque me asusta, sé que es así como quiero que sea, como tiene que ser.
Por lo demás, planeo un viaje a Londres para marzo, y por tanto me estoy planteando seriamente donar mis óvulos en un gesto totalmete desinteresado y caritativo que ya de paso me financiaría el viaje. Y hay un chico que vive por aquí y me pide que le invite al cine cada vez que me lo encuentro. También tengo en el bolsillo del pantalón el número de un desconocido que busca chica cantante para su grupo y al que puede que llame en un arrebato; he remarcado en mi agenda el día 22 de marzo, que voy a verla a ella, y sino me sale bien esperaré a que venga del brazo de la otra artista a Granada: las dos niñas más bonitas y con más talento de toda Murcia -mira que tengo suerte-. Y aún resta esa beca que me quita el sueño a ratos. Más el sueño de fugarme a Cuba -y secuestrarte a ti y llevarte conmigo- .Y varios proyectos artísticos, junto a unos cuantos puñados de ideas que van prosperando en estado intermitente, esperando que formalice mi relación con ellas.
Y la incertidumbre delirante y deliciosa de todo lo que está por venir. De que todo está por venir.
Sólo espero que este viaje sin frenos ni escalas no me robe la memoria ni me acabe convirtiendo en una caricatura de mí misma.
Cruzaremos los dedos.



