El miércoles fue un día de locos, para empezar pasé la noche en vela. Una costumbre que tenía algo olvidada y, aunque no fue por placer, lo cierto es que pasé un rato genial.
Estuve todo el día trabajando con la estenopeica y haciendo cianotipias y ya por la noche con el tocadiscos echando humo y a revelar. Cada ver me gusta más la luz roja.
Por la mañana, todavía oscuro salir a la calle abrigada hasta los dientes, café y pitillo en mano y ver amanecer acodada en el calor del bus. Mirar el sueño de la gente, construyendo rutina y, lo mejor, la satisfacción de trabajo bien hecho y ¡por fin! entregado.
Se me está haciendo muy cuesta arriba el último año de carrera, más que nada porque no estoy muy por la labor. El cuerpo me pide otra cosa, me pide actividad frénetica y a ser posible
Peleo a la contra entonces, para olvidarme de que soy una mantenida. Planeo la próxima exposición para abril en Pupatattoo, "Mi niño malabar", probablemente la última que haga viviendo en Granada. Pronto explicaré por dónde van los tiros y colgaré los primeros bocetos, por ahora me estoy haciendo a la calle a fotografiar y tomar apuntes: soy una con el boli bic ^^.
Luego está el proyecto de mi viaje a Perú en septiembre, el de un cómic a dúo con el periodista en ciernes de "Me molesta la caspa" y la novela gráfica que planeo en las horas bajas para cuando sea una licenciada con paz de espíritu: "Mecánicas de la ausencia".
Para rematar toda la hiperactividad, ayer en la biblioteca, ya con 36 horas sin ver una cama echadas a la espalda, conocí a Mónica, una chica preciosa que me hará de modelo para algunas ilustraciones de la exposición; puede que además yo pose para su chico, que es fotógrafo.
Lo mejor, mañana concierto del Sr. Chinarro con el harto carismático astronautta, para irme a casa de mis padres estas vacaciones con muy buen sabor de boca.
Esto es un no parar
(y que dure).
+ EN PÁJAROS: Lucong

