La luz es extraña, como en un fotograma de Jeunet (más en Largo Domingo..., o Delicatessen que en Amelie).
Siento que el (un) punto de inflexión de mi vida es hoy. Por varias razones, que aún no me siento preparada para contar, ni siquiera a extraños. Viene una mala racha, y los golpes duelen más cuando los esperas. Pero no estoy triste, ni contenta: sólo curiosa, mirando. Más bien melancólica.
Dalí esta preocupado por mí y me acompaña a todas partes, despabilado de su tonta pereza. Y yo me despido de los rincones de mi casa, que van arrojando largas sombras de crepúsculo, que exploro como una niña pequeña, esperando descubrir una pista en cualquier detalle que me arranque una sonrisa. Y pienso muchas cosas, y casi ninguna merece la pena. Pero me da lo mismo.
El día de hoy me entiende. Todo esta calmo, reposado, pero nada está quieto. La vida sigue su curso, pero lejísimos de mí. He pasado al menos media hora espiando a las gaviotas. El viento es ligero, y ellas descansan sobre él, flotando siempre en el mismo sitio. Me fascinan las gaviotas. Me encanta como suena, nunca antes lo había pensado: ga-vio-ta...
Me reencarnaría en gaviota, si no fuera por lo del pescado crudo...
ahora, ¿si los japos lo hacen, por qué no yo?
Besos.






